A la mañana siguiente me desperté en mi dormitorio, mi cabeza doliendo y mi cuerpo apenas respondiendo. Me costó levantarme de la cama, dándome cuenta de que mi vestido tenía varias manchas y una ligera rasgadura.
Mm, creo que esto fue cuando me di con la esquina de una de las mesas mientras bailaba, ¿no?, pensé luego de mucho tratar de recordar. Esa Corenka es una puta desquiciada después de unos tragos.
Apenas se recuperó un poco del alcohol, se puso loca y me hizo bailar hasta tirarme a una de las esquinas de las mesas del banquete. Supongo que el alcohol no le hace muy bien.
Nota mental: nunca darle de beber alcohol a Corenka, pensé, yendo a ducharme.
*
12 046 d. L., a mediados de verano.
Ya habiendo cumplido los cinco años, finalmente completé el Reino Sólido y avancé al Reino Naciente, donde se hace circular el flujo marcial por los meridianos para abrirlos. Y, sin lugar a dudas, el dolor que provoca es superior.
Hubiera estado mejor haber renacido como un masoquista, suspiré para mis adentros. Al menos estaría disfrutando el proceso y no sufriéndolo como si fuera el mismísimo infierno.
Me quejé un buen rato antes de sentarme. Me puse a leer casi de inmediato, específicamente un libro llamado «Monstruología: Edición dinratniana».
Me salté la introducción y me fui directo a la primera sección: «Historia de los monstruos».
«Desde tiempos antiguos, el ser humano ha convivido con todo tipo de criaturas peligrosas que pueden acabar con su vida en cerrar y abrir de ojos», narraba el libro. «Entre ellas se encuentran los monstruos: entidades caóticas y sedientas de sangre, su raciocinio es escaso o directamente nulo. Son peores que los qüelios.»
Aún me sigo preguntando cómo la especie humana sigue existiendo en este mundo, pensé, pasando página. La magia hace lo suyo, pero me sigue pareciendo exagerado lo peligroso que es Qíntico…
La sección era de extensión mediana, hablando sobre la aparición de los monstruos más importantes en Dinrat y el cómo interactúan con los humanos. Fue decentemente entretenida, pasando a la siguiente parte: «Lista de monstruos conocidos en Dinrat».
Mantícoras, orcos, quimeras, kobolds…, leí, salteando de vez en cuando. Dioses, ¿cuántos se supone que tiene el continente? ¡Son un montón!
En total, Dinrat tiene 114 monstruos registrados, de los cuales algunos ni siquiera tienen nombres y otros son sólo teorías formuladas a partir de avistamientos y rastros. Si se supone que éste es el continente más pequeño, ¡no me quiero ni imaginar cuántos tendrá el resto!
El libro contenía las descripciones de los más poderosos y comunes, un tiempo de lectura que se extendió durante una hora y media. Me tomé un momento para comer algo, un aperitivo, antes de continuar leyendo, pero ahora con otra obra: «Demonología: Un arte repulsivo», en su contratapa teniendo: «Edición especial de la Universidad de Prácticas Arcanas (UPA)».
«Los demonios son seres sobrenaturales compuestos de energía, la cual se transforma en una encarnación física», decía el libro. «Provienen de otra dimensión llamada el Inframundo, del que poco o nada se conoce. Los demonios tienen dos formas de entrar a nuestra realidad: que alguien los invoque con rituales o que ellos mismos utilicen su poder, cosa que los debilita en extremo, pero los libera de cualquier restricción y (cuando recuperan dicho poder) les permite actuar a sus anchas.»
Así que existe el Inframundo, ¿eh?, pensé. ¿Será que las almas son condenadas a quedarse ahí? Bueno, otro mundo son otras reglas, así que puede que no.
«La invocación de demonios es una práctica maldita y prohibida, sus practicantes siendo perseguidos», contaba el libro. «Se realizan rituales donde se sacrifican a personas, dando al demonio un cuerpo físico y alimento espiritual que, a su vez, lo somete al invocador. Sin embargo, a largo plazo un demonio siempre termina por debilitar el alma de su invocador, volviéndolo susceptible a posesiones demoníacas.»
Los beneficios tienen que ser inmensos para que a alguien se le ocurriese hacerlo, pensé, pasando página.
«Un demonio puede ser derrotado, mas no eliminado por completo; la energía que lo compone se deshace y vuelve al Inframundo, donde empezará a regenerarse», narraba el libro. «Las formas de eliminar permanente a uno son escasas; extensos rituales de purificación, consumir la energía (algo que suele volver loca a la persona o directamente la mata) o que un dios se haga cargo.»
Son una verdadera molestia, ¿eh?, pensé mientras volvía a pasar página. Ya estaba anotando mentalmente que no debería luchar contra un demonio.
El resto del libro detallaba las formas de eliminación permanente, los demonios únicos más poderosos y un listado de los diferentes tipos de dichas criaturas. Éste último era bastante extenso, hay que decir.
Mm, creo que ya debería ser hora de probar mis habilidades de verdad, pensé mientras cerraba y guardaba el libro.
La sola idea de matar a un monstruo me hacía sentir algo de repugnancia, pero tenía que ir de la teoría a la práctica de una vez. No podía seguir practicando con Vruwyn, quien estaría conteniéndose al máximo y dándome ventaja.
Cuando vuelva, veré si se lo puedo pedir.
*
Un trasgo es un monstruo común de Dinrat, viéndose como un ser humanoide de medio metro de altura, con piel morena, cabello seco, ojos delgados y fauces afiladas. Son escurridizos y excavan madrigueras, atacando con una gran agilidad.
A pesar de su ferocidad, son muy débiles y se usan como los objetivos preferidos para que un guerrero empiece a ganar experiencia. Los gremios de mercenarios clasifican a los trasgos como objetivos perfectos para los principiantes.
—No bajes la guardia, ¿entendido? —dijo Vruwyn, quien ahora agarraba a un trasgo por el cabello como si fuese una simple bolsa de compras.
Desenvainé mi espada, la primera que empuñaba que no era de madera. Siendo un regalo de Vruwyn, era corta y se adaptaba bastante bien a mi cuerpo, sin ser ni muy pesada ni muy ligera.
Luego de rogarle durante un buen rato, había aceptado mi petición de conseguir un oponente con el que pusiese en práctica mis habilidades. Un trasgo era la mejor opción, pues destacaba en la agilidad y no la fuerza, siendo muy débil y la pelea pudiendo ser fácilmente controlada por Vruwyn.
Puse mi pie derecho más adelante que el izquierdo, agachándome un poco con mi espada desenvainada sostenida con firmeza.
—Lista.
Siguiendo mi señal, Vruwyn soltó al trasgo. El monstruo seguramente sabía que él no era un rival al que pudiese vencer, por lo que corrió hacia mí con una velocidad pasmosa.
Al mismo tiempo que el trasgo avanzaba, me impulsé hacia adelante con toda la fuerza que pude. Gracias al refinamiento corporal del Reino Sólido, mi velocidad igualaba al del monstruo, quien mostró cierta sorpresa, aunque sin detenerse.
Lancé un tajo horizontal que, en teoría, hubiese rebanado al trasgo. Estaba a pocos pasos de mí, por lo que era obvio el resultado. Al menos si no se tenía en cuenta que seguía siendo un monstruo.
Esquivando a último momento, el trasgo se aferró a mi pierna y aprovechó para subirse. Por desgracia, yo había perdido impulso y no pude reaccionar a tiempo, casi cayéndome.
El trasgo soltó unos gruñidos aterradores, subiéndose a mi espalda y tratando de hundir sus uñas en mis ojos. Por suerte, pude agarrarlo a tiempo antes de perder la vista y tirarlo al suelo con toda la fuerza que pude para rápidamente darle una patada… que fue esquivada.
¡Bastardo escurridizo!, me quejé para mis adentros.
Sentí cómo mi rodilla derecha era golpeada con tanta precisión que me hizo caer, logrando no comerme el césped gracias a mis brazos. Aquello me dejó expuesto, el trasgo aprovechando para subirse sobre mi nuca, tratando de herir mis ojos, pero sólo logrando profundos rasguños en mi frente debido a que reaccioné (más o menos) a tiempo.
Agarré al trasgo y lo volví a tirar al suelo, desatando una buena oleada de puñetazos. Continué golpeando una y otra vez, temeroso de que el monstruo pudiese aprovechar cualquier oportunidad.
—Ah… —Antes de darme cuenta, mis manos estaban empapadas en sangre.
Viendo el rostro desfigurado y sanguinolento del trasgo, sentí un profundo deseo de vomitar. Volteé la mirada, incapaz de aceptar bien que yo había sido el asesino.
Es un monstruo, me recordé, pero mis nervios no se calmaron mucho. Son peores que qüelios, ¿entendido? ¡Por mucho que lleguen a verse como humanos, no tienen razonamiento!
—Decente —calificó Vruwyn, acercándose y ayudándome a levantar; mis rodillas temblaban—. Pudiste haber atacado con más ferocidad desde el principio, pero nada mal. ¿Te sientes bien? ¿Quieres un poco de agua?
—Y-Yo… estoy bien —respondí, aunque ni yo creía mis palabras.
—Sabes, yo también pasé por lo mismo al inicio —dijo Vruwyn con tono suave, acariciando mi cabeza con cariño—. Cuando recién conocía lo que era la verdadera lucha, sentía asco cada vez que mataba. Por Lóndirra, ¡vomité varias veces!
» El punto es que no tiene nada de malo sentir repulsión, ya que es algo natural. Tarde o temprano te acostumbrarás o simplemente lo tolerarás, como pasa con la mayoría. Estoy seguro de que podrás lograrlo, querida.
Volví a ver el cadáver del trasgo una vez más antes de mirar a Vruwyn, devolviéndole una sonrisa suave.


No hay comentarios.:
Publicar un comentario