Noktah Froerum la Cazadora Noctámbula, una emisora con afinidad a los cuatro elementos mágicos. Nació en Dinrat, yendo de un lado a otro todo el tiempo. Suele dormir de día y viajar de noche, pues es el momento de salida preferido por los monstruos más peligrosos. Una de sus mayores hazañas fue derrotar a un basilisco (qüelio), una serpiente gigante de veneno letal y mirada mortal. Es descendiente de Galván.
Saakena la Matagigantes, una emisora con afinidad al fuego y la tierra. Proviene de Qrétar, específicamente de la Teocracia Zeahlá, donde masacró a varios bégimos (criaturas colosales que viven en zonas extremadamente áridas), tanto en su país de origen como del resto del continente. Es descendiente de Arturo Pendragon.
Kondro Zavinkov el Señor de la Tormenta, un emisor con afinidad al agua y al aire (y hasta se dice que puede manejar la submagia del rayo). Es originario del norte de Sortrón, de la Federación de Krovka (el equivalente a Rusia en Qíntico), para ser precisos. Uno de sus mayores logros es haber matado de frío extremo a todo un ejército con sus habilidades mágicas. Es descendiente de Bors.
De los tres, Saakena es la más poderosa por lejos. Es tan malditamente fuerte que se hubiera considerado injusto por completo su participación en el torneo de Vastrem si no fuera porque, según ella misma, sólo quería encontrar a alguien interesante y que se contendría al máximo para hacer las cosas interesantes. Incluso podría dejar ganar a alguien.
El solo hecho de que tres descendientes de los Doce Grandes estuviesen reunidos ya era insólito, el que estén por batallar y demostrar sus enormes poderes volviendo el acontecimiento en algo sin precedentes. Bueno, en realidad hubo una cantidad considerable de ocasiones similares en el pasado, pero se entiende.
Debido a eso, la Ciudad de Vastrem empezaba a llenarse cada vez más. No me había dado cuenta antes debido a que estaba ocupado con otras cosas y todavía no me había enterado de la presencia de los tres descendientes de los Doce Grandes. Gracias a ellos, la cantidad de personas en el Torneo Mensual de Combate Amistoso sería exorbitante.
Suerte que no tengo pánico escénico, pensé con alivio, recostado sobre la cama de la posada. O al menos eso quiero creer.
*
En mis manos se encontraba una espada reluciente de oricalco, un metal plateado con alta resistencia y dureza de rareza media, siendo un buen conductor mágico. Si pudiera ponerle un precio, valdría alrededor de cien y ciento cincuenta ágranes.
Siento que esto es algo exagerado, pensé, aunque tal vez sólo sea el sentimiento de pedir prestado algo tan caro. Eso o la posibilidad de pagar los daños.
La espada se me había sido entregada por Rakuth para el Torneo Mensual de Combate Amistoso. Como patrocinador, quería asegurarse de que mis posibilidades de victoria fuesen mayores.
Observé un poco más la espada antes de envainarla, levantando la mirada antes de entrar al mismo edificio azul al que ingresé cuando llegué a Vastrem. El lugar estaba aún más lleno que antes, dos puertas dobles abiertas para ingresar al pequeño anfiteatro, ya sea como combatiente o como espectador. También logré ver a los descendientes de los Doce Grandes, quienes destacaban bastante.
De cabello azabache y portando su característica máscara negra similar a las que se usaban los médicos de la peste negra, Noktah Froerum parecía una emisaria de la muerte. Su túnica de cuero oscuro estaba hecho de la piel de un monstruo desconocido. Ocultaba su aura con precisión, pero el solo hecho de mirarla me causaba escalofríos.
De piel morena y cabello negro, Saakena portaba una armadura ligera y una daga de ligurium, un material de color anaranjado extremadamente resistente y raro de Qrétar con propiedades amplificadoras de magia. Mostraba una expresión tranquila, como si todo el torneo fuese un simple juego que, a pesar de todo, parecía divertido.
De cabello canoso y con el ojo derecho tapado por un parche, Kondro Zavinkov vestía un elegante traje militar negro de forro rojo con un manto azabache con el emblema de la Federación de Krovka. Aunque pareciese estar más preparado para una gala, toda su ropa era, en realidad, una costosa armadura cambiaformas. Tenía un cuerpo robusto y en su mano izquierda portaba un anillo dimensional.
Los tres estaban charlando, pero no podía oír ni una sola palabra debido a toda la gente hablando a mi alrededor.
Fui con la recepcionista, la misma vieja que me menospreció, para confirmar mi asistencia. La muy caradura y sinvergüenza se hizo la tonta (como si nuestro primer encuentro no hubiese ocurrido) y me trató con el respeto que debe tener alguien de su puesto.
Maldita vieja, maldije para mis adentros, sentándome en la recepción para esperar a que me llamaran.
El torneo de Vastrem consta de dos etapas: la primera es una batalla a campo abierto entre todos los participantes (treinta) que dura poco menos de media hora, los últimos en pie pasando a la siguiente etapa, donde luchan uno a uno hasta que sólo quede un vencedor. El que triunfa es considerado el verdadero ganador de la competición.
Estuve una buena cantidad de minutos esperando, tiempo que usé para pensar en cómo haría para ganar. No soy el mejor estratega, por lo que cosas demasiado complicadas serían contraproducentes. No sabía si ir con todo desde el comienzo sería lo correcto debido a que expondría mis poderes y el efecto sorpresa desaparecería, pero ganar cualquier cantidad de ágranes por encima de cien era de suma importancia.
Incluso si sólo quedo en tercer lugar, tendré doscientos ágranes, pensé. Con ese dinero podemos viajar más cómodamente en casi todos los sentidos.
Cuando me llamaron para participar, sentí un ligero temblor extenderse por mi cuerpo. Estaba nervioso. Tenía miedo de no lograr conseguir el dinero y haber desperdiciado mi tiempo en algo sin futuro.
Bien, calmado, traté de regular mi respiración y hacer desaparecer el temblor, caminando hacia el interior del anfiteatro. Sentir miedo de lo que sucederá no me ayudará de nada. Si no confío en mí, las cosas sólo irán a peor. Sí, eso es, ¡con actitud!
El anfiteatro estaba atiborrado, tanto en la arena de combate como en las gradas. En serio, había demasiada gente, como si estuviesen viendo la pelea del siglo. Bueno, quizá sea medio exageración y medio verdad, pues ahora están reunidos tres descendientes de los Doce Grandes.
Paseé mi mirada por las gradas, encontrándome con que Syndra y Ádellet estaban sentadas en las primeras filas. Las saludé con mi mejor sonrisa, viendo sus expresiones llenas de expectación y confianza en mí.
Luego me fijé en el resto de participantes, los cuales eran… peculiares. Habían personas negras, morenas y hasta amarillas y azules. Los rasgos de cada uno variaban más de lo que podría considerarse normal, pudiendo identificar a sortronenses y qretarianos.
—Esto va a ser agitado —comentó un hombre a mi lado.
Cuando me volteé a verlo, noté su juventud, aparentando tener no más de veinte años. Su cabello rojo era largo, pero estaba atado en una coleta de caballo. Sus ojos afilados eran de un lindo color gris, teniendo facciones que lo hacían ver bastante atractivo. Su cuerpo era robusto y vestía una armadura negra, una lanza enfundada en su espalda.
—S-Sí, supongo… —respondí con cierto nerviosismo, en parte porque en verdad estaba inquieto con lo del torneo y en parte porque el tipo era realmente guapo, algo que para mi cuerpo de muchacha adolescente con las hormonas altas no era nada bueno.
El hombre me vio con una expresión curiosa, soltando una ligera carcajada y mostrando una sonrisa. Con tono alegre, me preguntó:
—¿Cuál es tu nombre, jovencita?
¡¿A quién llamas jovencita, mocoso?! ¡Seguramente te gane por diez años mentales!
—Teressia —respondí sin dejar que mis pensamientos saliesen a flote—, ¿y el tuyo?
—Soy Jandrio, un gusto —respondió el hombre, manteniendo esa sonrisa que ya empezaba a molestarme.
Mm, creo haber escuchado ese nombre en algún lado…
Tenía el presentimiento de que era algo con cierta relevancia y estuve por preguntarle para despejar mis dudas, pero mis acciones fueron interrumpidas en el momento en que el torneo dio comienzo. Me preparé para atacar al más cercano y me volteé hacia Jandrio, quien ya había desaparecido.
Me impactó un poco el suceso, pero rápidamente me moví y empecé a blandir mi espada de oricalco con precisión hacia los otros participantes. Gracias a una magia de protección que tenía el anfiteatro, no podía morir nadie, así que fui con toda mi fuerza y actué como si estuviese luchando contra monstruos y qüelios en vez de humanos.
En el momento en que la magia del lugar detectó que mis oponentes estaban por recibir una herida fatal o estaban cerca de la muerte, cúpulas de energía los envolvían y los protegían de cualquier ataque, siendo descalificados de inmediato. Si no recuerdo mal, a este tipo de conjunto mágico se le llama «Campo de Garantía».
En menos de cinco minutos, había logrado descalificar a siete personas gracias a los ataques sorpresas. Mi espada imbuida con el hechizo «Manto Puntiagudo», el cual la cubría con una capa de hielo repleta de frías y afiladas púas, hacía bien su trabajo.
Sin embargo, a pesar de la situación tan dinámica y enérgica donde tenía que moverme en todo momento para evitar ser atacado o al menos reducir los daños, tuve que frenar de golpe cuando algo insólito ocurrió. Y no fui el único que se detuvo para observar un hecho tan asombroso como aterrador.
Veinte personas fueron impactadas por lo que parecía un pilar de viento a toda velocidad, pues la magia del aire no suele ser visible como en los animes. Pude saber con sólo un vistazo que aquel ataque que descalificó a una veintena de potenciador en un santiamén no había sido un conjuro como tal, sino que era qí en estado bruto.
Era simplemente inaudito. Que un potenciador pudiera realizar magia de larga distancia con tanto poder y encima hacerlo con sólo qí puro era algo que sólo había visto en cuentos. Parecía sacado de una leyenda de héroes fortísimos.
Maldita sea, pensé mientras veía al culpable. ¡¿Quién se supone que eres, Jandrio?!
Ese bastardo atractivo sólo sonreía, pareciendo disfrutar de la conmoción de todos los presentes, tanto participantes del torneo como los espectadores.
Sin embargo, no podía quedarme parado como un imbécil. El tiempo corría y tenía la oportunidad perfecta para acabar con varios competidores, cosa que aproveché en el momento en que ataqué a diestra y siniestra con toda la velocidad y fuerza que podía al aumentar al máximo mis capacidades con mi flujo marcial.
Antes de que me diera cuenta, la primera etapa terminó.



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