2024/02/25

Capítulo 21: El torneo (Parte 2)

Jandrio, más conocido como el «Guerrero Errante», es un potenciador de reino mágico desconocido. Poco se sabe de sus orígenes más allá de que proviene del sur de Krulmón.

Desde que hizo su primera aparición pública hace cinco años, se convirtió en un combatiente reconocido por su habilidad nata para la lucha. Lo que más destaca de él es su rara capacidad de realizar magia de larga distancia y la (teorizada) enorme cantidad de qí que posee, sus hazañas siendo tales como el asesinato de una gorgona (monstruo capaz de petrificar a cualquiera) y el aniquilamiento casi total de un ejército de orcos como apoyo a las Fuerzas Armadas a cambio de dinero.

Se le suele ser descrito como «alguien carismático y que puede hacer reír hasta al más severo, pero con la capacidad de infundir el miedo en cualquiera que ose ir en contra de él». Es casi tan querido como odiado en Krulmón.

En serio, ¿por qué me encuentro con personas tan particulares?, me quejé un poco. Um’qognaar, el detective serpiente, la bastarda de Anduralia, los tres descendientes de los Doce Grandes (aunque de forma bastante indirecta) y ahora una leyenda viva como Jandrio. ¡Y encima ahora me complicará las cosas en el torneo! ¡No tengo oportunidad alguna contra él!

Sentado en la recepción, bebí una botella con un líquido azul brillante con mis quejas aún acumulándose. Lo que estaba ingiriendo era un elixir (también llamada «pócima» y «poción»), una sustancia mágica y cara que puede tener diversos efectos positivos como la recuperación de qí y la curación.

Y encima estos bastardos del torneo me querían hacer pagar el elixir, seguí quejándome. Si no fuera porque tengo a Rakuth como patrocinador, ¡hubiese quedado pobre!

Lo bueno del asunto es que el elixir estaba recuperando mi cuerpo de todo agotamiento, tanto físico como mental. Con él, literalmente estaba en la misma condición que tenía antes de entrar al edificio.

—Actuaste increíble, cariño —me felicitó Syndra, quien estaba sentada a mi derecha.

—Sí, ¡eso fue genial! —elogió Ádellet, quien se encontraba en mi lado izquierdo.

—Gracias —dije—, pero mayormente fue debido al tipo guapo, Jandrio, quien hizo esa increíble demostración de poder. Ah, por los dioses, ¡estoy segura de que ni siquiera podré hacerle un rasguño!

—Gracias por el cumplido —dijo el susodicho desde atrás.

—¡A-Ah! —grité, sintiendo que mi temperatura corporal aumentaba, mientra me daba vuelta para ver a Jandrio, quien se encontraba acodado sobre el respaldo de mi asiento.

Había mencionado lo de «tipo guapo» sólo para que Syndra y Ádellet se diesen una mejor idea de quién era, pero ahora me sentía increíblemente avergonzado por decir semejante cosa. ¡De seguro habré quedado como la típica muchacha que no quiere admitir su amor o hasta peor!

—Te luciste bastante bien en el anfiteatro —halagó Jandrio con una sonrisa, como si le pareciese graciosa la situación.

—E-Eh, gracias —dije, sintiendo la presión de la vergüenza—, pero n-no fue la gran cosa. Ya sabes, sólo estuve corriendo de un lado a otro y atacando por sorpresa. Me ayudaste indirectamente con ese vistoso ataque, así que parte del mérito es tuyo.

Jandrio soltó una carcajada mientras que escuché con horrible claridad las risitas de Syndra y Ádellet. Apenas se fue el Guerrero Errante, me giré para verlas.

—Es muy grande para ti, querida —dijo Syndra con una sonrisa. Eso se puede malinterpretar peor, ¡¿sabes?!

—Eres demasiado ambiciosa para tu propio bien, Teressia —dijo Ádellet, palmeando mi hombro.

Tardé un buen tiempo en convencerlas de que hubo un gran malentendido, pero aún me sentía insatisfecho sobre el resultado. De seguro seguían creyendo que había una pizca de amor en el asunto, cosa que no estaba del todo alejada de la realidad debido a que mi cuerpo sigue siendo el de una adolescente hormonal heterosexual, o al menos eso parecía.

En serio, ¿por qué tuve que…?

—Disculpe, ¿usted es Teressia Górmot? —dijo alguien detrás de mí, interrumpiendo mis pensamientos.
Cuando me volteé, me encontré con que… ¡Kondro Zavinkov, el Señor de la Tormenta, estaba ahí! ¡Un maldito descendiente de uno de los Doce Grandes me había dirigido la palabra!

—U-Uh, sí… —respondí sin saber bien qué hacer ante una situación así. En serio, ¿por qué me hablan personas tan particulares? 

—Mm, excelente —asintió Kondro con una sonrisa similar a la que ponía Rakuth—. Que tenga una buena batalla, señorita.

¿Eh? ¿Qué? ¿Por qué?, me preguntaba sin cesar. ¿Me acaba de hablar un tipo de tal calibre sólo para… desearme buena suerte? ¡¿Qué broma de mal gusto es esta?! ¡Demasiada presión para algo tan burdo! No, espera, ¡esto es genial! ¡Alguien de tal prestigio me acaba de dirigir la palabra sólo para desearme buena suerte!

Aún así, la situación seguía siendo rara, por lo que traté de pedirle explicaciones a Kondro. Sin embargo, el Señor de la Tormenta ya se estaba marchando y encima la segunda etapa del torneo ya estaba por empezar.

Mierda, me quejé mientras me levantaba. Siempre que quiero despejar mis dudas, algo pasa. Ya me siento como el protagonista de una novela, pero en el mal sentido. ¡Malditas incógnitas que me fritan el cerebro!

Seguí lamentándome y quejándome en mi mente durante un rato, esperando con ansias la segunda etapa del torneo. Esta vez tendría que luchar uno a uno con todo lo que tengo y habían altas posibilidades de encontrarme con un enemigo formidable, por lo que tendría que ir con todo y aún así tener muchos riesgos de perder.

Calmado, calmado, me dije mientras paraba el temblor que empezaba a apoderarse de mi cuerpo. Sentir miedo sólo me ayudará a perder, ¿recuerdas? ¡Con actitud, carajo!

Me animé tanto como pude, dispuesto a darlo todo. El preocuparme todo sólo estaría llenando mi mente de pensamientos innecesarios, tal como me hizo ver (aunque de mala manera) Rakuth. Tener tantas divagaciones me distraerían y las posibilidades de perder aumentarían drásticamente.

Sin embargo, todo mi ánimo desapareció cuando vi a Jandrio en el anfiteatro.

Me tienes que estar jodiendo, pensé mientras mis hombros caían. ¿En serio tengo que luchar con ese monstruo? ¡Me hará trizas en cuanto comience la batalla!

—Tampoco muestres esa cara, Teressia —dijo Jandrio con una sonrisa, sacando su lanza y preparándose—, voy a ir suave. Quiero ver de qué eres capaz.

Bien, eso me tranquiliza un poco, pensé, pero esa lanza no.

Había leído sobre el arma preferida de Jandrio y debo de admitir que me aterraba un poco. La punta de la lanza brillaba con un frío plateado típico del oricalco, mientras que el mango rojo estaba hecho de quebracho ruburm, un árbol de corteza extremadamente dura y resistente de la Provincia de Kragna (al sudoeste de Krulmón).

—B-Bien —dije, desenvainando mi espada—, pero te aviso que lo que dijiste no tranquiliza demasiado.

—Lo sé —sonrió Jandrio—, es que me gusta verte nerviosa.

Okey, ¿este tipo es un depravado sexual o simplemente un loco?, me pregunté. Bueno, al menos me dejará algo de ventaja. Puedo usar a mi favor y ganar antes de que vaya con todo.

Entonces, comenzó la batalla.

Avancé con mi velocidad máxima al igual que Jandrio, quien atacó con su lanza en un movimiento que cortó el aire, mas no mi cuerpo. Sólo necesité clavar la punta de mi espada en el suelo arenoso para cambiar mi dirección, impulsándome con mi flujo marcial para dar un giro en el aire y atacar a su nuca con mi arma recubierta por Manto Puntiagudo.

Pero, para mi desgracia, Jandrio esquivó a último momento y me golpeó con el mango de su lanza. El arma me impactó en el abdomen, revolviendo mis intestinos a la vez que me enviaba volando lejos.

Por suerte, pude detener mi caída al incrustar mi espada en el suelo. Sin embargo, el dolor de abdomen me estaba molestando demasiado y la nube de polvo que se había creado me dificultaba la respiración, haciéndome toser a la vez que impedía mi visión.

Pude ver a tiempo la punta de la lanza de Jandrio, quien dirigía su ataque a mi cabeza. Sentí un profundo sentimiento de miedo, pero reaccioné y me agaché, dando un tajo horizontal hacia las piernas del Guerrero Errante.

¡Hijo de puta!, me quejé mientras retrocedía, viendo cómo mi espada había rebotado. ¡Ni siquiera está usando su flujo marcial! ¡¿Estoy luchando contra un humano o con un monstruo?!

Jandrio no se detuvo, cortando la distancia entre ambos en una fracción de segundo y atacándome con un lanza en una estocada. Suerte o no, logré esquivar a último momento para golpearlo con un codazo en la axila con toda mi fuerza impulsada al máximo con mi flujo marcial. Sin embargo, me di cuenta demasiado tarde mi error.

—¡M-MIERDA! —grité con horror cuando mi codo se rompió.

Mi espada cayó al suelo sólo para ser agarrada por mi mano izquierda, pero el impacto de ver cómo mi brazo derecho estaba en una posición antinatural a la vez que un inmenso dolor se extendía por todo mi cuerpo me dejó paralizado. Las lágrimas empezaron a formarse en mis ojos mientras que contenía los gritos con toda mi fuerza de voluntad.

—Y eso que viste que tu espada no me hizo nada —suspiró Jandrio, como si estuviese regañando a un niño.

—¡E-Eh… A-AH… esto n-no… ES N-NADA! —grité, pero mi voz temblaba de forma incontrolable y sentía que tarde o temprano mi visión se nublaría por las lágrimas.

Limpié mis ojos con mi antebrazo izquierdo, impulsándome con mi flujo marcial para acortar la distancia a la vez que conjuraba múltiples Disparos Fluviales con el máximo qí posible. Jandrio se quedó inmóvil unos segundos, mirándome con una sonrisa, antes de interceptar mi espada con su lanza y recibir los ataques mágicos sin rasguño alguno más allá de un poco de humedad que desapareció al instante.

—Sólo ríndete, Teressia —dijo con esa maldita sonrisa suya—, o acabarás peor. Ya estás pálida y tu flujo marcial brilla cada vez menos.

—¡¿Y-Y Q-QUÉ?! —grité, ejerciendo cada vez más presión en mi espada—. ¡T-TENGO q-que ganar e-esto, aunque s-sea sólo p-por el t-tercer lugar!

—Muy noble de tu parte y todo, pero detente ya —dijo Jandrio con voz severa sin inmutarse ante la presión que ejercía—. El Campo de Garantía podrá protegerte, pero no servirá de nada si te sigues forzando.

Empujó su lanza hacia el frente, su fuerza siendo abrumadoramente alta y tirándome al piso. Cayendo de rodillas, noté mi respiración era entrecortada y cómo mi cuerpo apenas me respondía. Sentía que el calor me estaba abandonando y cómo el Campo de Garantía empezaba a protegerme.

—E-Esto… no… —murmuré, sintiendo cómo las lágrimas caían como una cascada mientras apretaba mi puño izquierdo sobre el suelo.

Todo había sido en vano. Ni siquiera logré llegar al tercer puesto, el cual ahora sería dado, como mínimo, a Jandrio. Desperdicié mi tiempo en algo de lo que no logré sacar nada.

Entonces, me desmayé.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario