2024/02/24

Capítulo 12: Mala noticia

12 050 d. L., a mediados de primavera.

Acostado sobre el césped, viendo el cielo despejado en completa tranquilidad, aunque quitando el hecho del sudor debido al arduo entrenamiento del Reino Psíquico, donde se mejoraba la mente. Si conseguía dominar esta etapa, aumentaría enormemente mi memoria, habilidades de comprensión y observación. También mi inteligencia y capacidad para procesar la información sería superior a la de una persona ordinaria.

Lo único que me faltaba era una bella mujer a mi lado, con buenas curvas si este pobre mortal puede desear.

Podría tratar de conseguir una novia, ¿no?, pensé. Tengo algunas frases cursis en mente que podrían ser novedosas en este mundo. También tengo una mentalidad mayor, por lo que quizás tenga suerte y lo consiga.

La profesora Rorgva es un buen partido, pero, cuando yo ya sea adulto, dudo que mantenga su belleza. Lástima, sabiendo que tiene buenas curvas, cara e inteligencia.

Tal vez alguna de mis compañeras sea una belleza al llegar a la adolescencia. Esa chica, Áranqi, está a tener un buen trasero como presentía y...

—¿Teressia? —Una voz frenó mis pensamientos pedófilos... ¡No! ¡No soy pedófilo! Es normal que piense ese tipo de cosas cuando mi cuerpo y, por ende, mi cerebro es el de un preadolescente, ¿no? ¡Claro que sí, así que deja de llamar al FBI! Espera, ¿a quién se debe llamar en un caso de pedofilia en la Tierra?

Dejando de lado mis divagaciones, Vruwyn estaba en la puerta que daba al patio trasero. Su expresión era cansada y angustiada, su ropa consistiendo en una camisa gris, pantalón marrón y botas negras.

—¿Qué pasa, papá? —pregunté, curioso por la expresión que tenía Vruwyn. ¿Tanto bebió?

—Quisiera hablarte sobre algo —respondió Vruwyn—. Ven adentro, por favor.

—Voy a bañarme primero —dije, levantándome del césped. Estaba algo nervioso debido a lo que podrían significar esas palabras.

—Okey; hazlo rápido, por favor —dijo Vruwyn antes de entrar a casa.

Entré, duchándome antes de cambiarme a una camisa holgada, pantalón gris y sandalias. Me quedé un momento en el baño para pensar.

¿Qué me querrá decir?, me pregunté. No hice nada especialmente malo. ¡Lo peor que hice fue pegarle a ese mocoso que quiso tocarme el culo! ¡Y se excusó diciendo que tenía algo en el pantalón, encima!

Al final no encontré ninguna posibilidad mínimamente certera, por lo que tuve que armarme de valor y salir del baño. Me encontré con Vruwyn sentado en la sala de estar, su pie derecho inquieto mientras los dedos de su mano izquierda tamborileaban sobre la mesa.

—A-Aquí estoy. ¿De qué me querías hablar? —pregunté, algo nervioso mientras me preparaba mentalmente para lo que sea que quisiera decirme.

—Bien, querida, ya acabas de cumplir nueve años —dijo Vruwyn, su voz algo temblorosa—. Ya todos sabemos que eres bastante inteligente para tu edad. Una genio, por así decirlo. Y es por eso que puedo tener esta conversación lo más sincera posible.

—Uh, si es sobre lo de ese chico... —Traté de decir sólo para ser interrumpido.

—Sacarle tres dientes me puso un poco en problemas, pero no te preocupes por eso —dijo Vruwyn—; yo hice cosas peores con los bastardos que hicieron lo mismo con tu madre. Estuvo justificado, después de todo. Por lo que quita todo eso de tu mente y concéntrate en lo que voy a decirte:

» El Imperio wandiolense atacó nuestro país.

—¿Qué? —exclamé, sorprendido y confundido. ¿Cómo era que un imperio tan neutral se volvió contra Krulmón? ¿Por qué lo haría? Nuestro reino no es tan próspero como otros, después de todo, y se supone que había un tratado de paz después de la independencia del país.

—El Ejército Wandiolense aprovechó que la Fortaleza Márfedel estaba en pésimo estado y que nuestras Fuerzas Armadas no podían recuperarla. El presidente trató de negociar con el imperio, pero no pudio y el mensajero, junto a sus guardaespaldas, fue asesinado.

» Ahora están en proceso de llegar a una ciudad productora y parece que quieren tomar la capital según su ruta. El Ejército está tomando medidas, pero parece que ya mataron a mucha de nuestra gente y casi nadie del imperio.

—¿T-Todo esto no significa que...? —Traté de preguntar con mi temblorosa voz.

—Estamos en guerra con el Imperio wandiolense —continuó Vruwyn por mí, asintiendo con la cabeza—. Nos tomaron por sorpresa y tienen tanto ventaja numérica como de poder. Y, según lo que estiman muchos, no parece que podamos vencer.

—¡¿P-Por qué el imperio querría tomar nuestro país?! ¡¿Y por qué ahora?! —pregunté, nervioso.

Vruwyn lanzó un suspiro agotado, mirándome a los ojos.

—Quisiera saberlo.

¿Por qué?, pensé, dejándome caer sobre el respaldo de mi silla. ¿Por qué querría el Imperio wandiolense tomar Krulmón? ¿Quieren nuestros artefactos nacionales, nuestros minerales, a nuestra gente? ¡¿Por qué mierda vinieron a arruinar todo?!

Una vida tranquila con una familia amorosa en tiempos de paz. Lo tenía todo para que esta segunda oportunidad fuese perfecta. 

¿Por qué quieren arrebatármela? ¿Por qué quieren hacer añicos todo mi esfuerzo? ¡Nuestro país no tiene ninguna posibilidad contra un puto imperio! ¡Y menos contra el maldito Imperio wandiolense!

Y, cuando nos conquisten, no se sabe cómo podría manejar Wandión nuestro reino. ¿Nos convertirán en un reino fabricante, agricultor o qué mierda? ¡Ese puto imperio es impredecible!

—Hay algo más que quiero decirte, cariño —dijo Vruwyn, con voz temblorosa—. Algo que no te gustará. Ya hablé con tu madre y hermana sobre esto, así que no te preocupes de esto con ellas.

No va a decir lo que creo que va a decir, ¿verdad?, pensé con miedo. No va a decir eso, ¿verdad? ¿Verdad...? Ya se retiró del Ejército hace años, así que… sí, imposible… ¿VERDAD?

—Me pidieron que ayude al Ejército. —Las palabras de Vruwyn fueron una bofetada a mis frágiles esperanzas—. Y es posible que... no vuelva.

Sentí mi visión nublarse. Sentí las lágrimas recorrer mis mejillas. Mi voz quebrada rogando.

—¡No! ¡No te vayas! —grité, saltando a abrazar con fuerza a Vruwyn—. ¡Por favor no lo hagas! ¡Morirás si lo haces!

—Perdón, querida... —dijo Vruwyn, su voz quebrándose—. P-Pero tengo que hacerlo. Tengo que servir de nuevo a nuestro país para que ustedes tengan una oportunidad de salir vivos. No quiero regresar y ver a mi familia en las garras del Imperio wandiolense. No quiero perderlos.

Sentí cómo su voz quebrada reflejaba sus verdaderos sentimientos. Vruwyn sabía que estaba haciendo lo correcto, pero no quería. No quería dejarnos a nosotros, su familia.

—¡E-Entonces no vayas! —rogué—. ¡P-Podemos escapar! ¡Podemos huir a un l-lugar seguro!

—No, cariño. No podemos —negó Vruwyn—. P-Papá tiene que irse y asegurar que puedan vivir bien, sin tener que ir a un lugar que desconocen y puedan hasta odiar. No quiero eso. No quiero que tengan que aguantar eso y dejar todo atrás. Dejar al resto de nuestra familia, a nuestros amigos y conocidos.

Me separó a la fuerza, arrodillándome para verme a los ojos. Esos ojos lagrimosos me veían con determinación y dolor.

—Así que, por favor, prométeme algo —me dijo—. Prométeme que, si muero, serás fuerte. Cuando huyan a un lugar que consideren seguro si gana el imperio, protege a tu madre y a tu hermana, incluso si eso requiere que mates.

» No podré estar ahí para ustedes, pero tú sí. Se fuerte y cuida de nuestra familia, Teressia. Haz lo que yo no podré. Por tu madre, por tu hermana y por mí. Por nosotros.

» ¿Me lo puedes prometer, cariño?

—… S-Sí.

Vruwyn tomó aire antes de levantarse, agarrando una de las espadas de madera que estaba al lado de la puerta que daba al patio.

—Entonces, entrenemos —dijo, su mano temblorosa mientras sostenía la espada—. Me iré mañana por la mañana, así que entrenemos una última vez.

Salimos al patio, entrenando mientras conversábamos. Nuestros ojos seguían llorosos, contándonos mutuamente cosas típicas: cómo me iba en la escuela, mis compañeros y amigos, qué cosas había visto Vruwyn en el trabajo.

Mi mente seguía estancada en el momento en que me contó sobre la guerra. No podía soportar la idea de que volvería a perder a alguien que amo. No podía hacerlo. Y, aun así, no podía decir o hacer algo para detenerlo, para que replantease la idea de ir a la batalla.

¿Lo voy a perder? ¿Voy a perder a uno de mis padres de nuevo?, me preguntaba. ¿Voy a dejarlo ir a una lucha sin sentido? ¿En serio? ¡Mierda! ¡No puedo hacer nada! ¡Este estúpido cuerpo es débil en todos los sentidos! Si tan sólo fuera más fuerte y valiente, quizá...

Me desplomé en el suelo, mi cuerpo negándose a moverse. Sólo quería llorar y negar la realidad, incluso si no era lo correcto. Quería creer que esto era sólo un sueño, una pesadilla de la que pronto me despertaría. Pero no era así. Esto era la realidad, la vida y las situaciones que se me presentan.

¿Qué debería hacer, entonces? ¿Suplicarle a Vruwyn para que no se vaya? ¿Unirme a él? ¿Huir con todos a un lugar seguro? 

No podía hacer ninguna de esas cosa. Nada. Simplemente nada. Sólo podía quedarme parado, viendo cómo las cosas pasaban sin que pudiera hacer algo.

Lloré. Lloré por mi propia debilidad y cobardía. Vruwyn me dio un cálido abrazo mientras me contaba anécdotas felices y graciosas para tratar de calmarme. Pero no servía. Sólo me hacía ver más lo doloroso que sería perderlo para siempre. Saber que moriría.

Todo esto es culpa del Imperio wandiolense y mi propia debilidad, pensé. Si tan sólo fuera más fuerte, podría hacer ALGO..

Ese día, nació otro propósito en mí.

Iba a proteger a mi familia, darles la felicidad que no pude darle a la de mi anterior vida. Pero, para eso, tenía que ser fuerte. Física y mentalmente.

Ese día, juré que entrenaría hasta tener el poder necesario. Volverme un potenciador, un guerrero, formidable. No rendirme jamás y ser lo que necesita mi familia.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario