2024/02/24

Capítulo 13: En su ausencia

—¿Teressia…?

Ya pasó una semana y aún no recibo ninguna noticia. ¿Por qué no sólo se quedó y trató de encontrar otra solución?

—Teressia.

¿Por qué se tuvo que ir? ¿Nos ama a nosotros y a su patria lo suficiente para enviarse a una muerte segura?

—¡Teressia!

—¡¿Qué?! —Dejando de apoyar mi cabeza sobre mis brazos, le grité al joven de diez años a mi lado, quien ya era un adolescente.

Anvún se sobresaltó un poco, pues yo no era de gritarle a alguien a menos que en verdad esté enojado. Ambos estábamos sentados en el patio de la escuela durante el recreo más largo junto a Corenka e Ípiani, quienes estaban comiendo.

Ignoré a Anvún no porque quisiera molestarlo o algo por estilo, sino por la desorganización de mis pensamientos. El gritarle no había sido intencional, sólo una consecuencia de la acumulación estrés, tristeza e ira.

Para empeorar las cosas, comprobé con terror que mi cuerpo empezaba a tener su primera menstruación. Aquello sólo aumentó mis nervios y agregó más estrés, volviéndome emocionalmente más indefenso.

—S-Sé que tu padre fue a la guerra, pero tampoco es para que te comportes tan agresiva —argumentó Anvún—. ¿Podemos al menos hablar?

Ah, mierda, ¿no ves que estoy sensible, imbécil?, pensé con irritación. ¡Y encima tienes toda la maldita razón! Bien, bien, calmado, ¿okey?

—Perdón —dije—, es que tengo muchas cosas acumuladas. Y, para empeorar todo, ahora estoy teniendo mi primera menstruación. Ten un poco más de tacto, por favor.

—Uh, eso tiene que ser duro. —No pareciera comprender del todo la gravedad del asunto, pero al menos hacía el esfuerzo de entenderme—. Como soy un hombre, no puedo decir que lo entienda por completo, pero aún me tienes a mí para apoyarte. También están Corenka e Ípiani, quienes hasta están pasando por los mismos problemas hormonales.

—Sí, no escuches a ese tonto insensible —dijo Corenka, Anvún reaccionando con indignación medio falsa y medio real—. Podemos ayudarte a superar esto, así que no te guardes todo.

—Para eso están los amigos, ¿no? —agregó Ípiani con una sonrisa.

—Supongo… —susurré con un suspiro, sacando la comida que tenía guardada—. Ya estoy harta de sentirme tan mal, así que al menos actúen como si fuese un día normal. Hablemos de algo entretenido.

Pensar una y otra vez en lo mismo sin llegar a nada… Eso sí que no tiene sentido, ¿verdad?, me dije a mí mismo.

*

Un mes después.

Aunque no lo había mencionado antes, Syndra y Ádellet no se habían tomado muy bien el asunto de que Vruwyn se fuera a la guerra. Ambas lloraron bastante, pero se recuperaron bastante más rápido que yo, entendiendo que no valía la pena derramar lágrimas cuando aún no había ocurrido nada. Rezaron a Lóndirra por el regreso sano y salvo de papá.

Tardé un tiempo en aceptar el hecho, pero ahora ya podía actuar normal. Sentirme tan mal no haría ningún bien para nadie ni ayudaría a Vruwyn a volver con vida, así que lo único que podía era seguir con mi vida y rezar por el regreso sano y salvo de mi padre.

No soy creyente de Lóndirra, pero respeto a sus seguidores. Aún si sonase algo egoísta, le recé a la Diosa de la Justicia por la supervivencia de Vruwyn. Seguramente no provocase algo, pero me hacía sentir un poco mejor conmigo mismo.

El sol está más potente hoy, pensé mientras me ponía una mano sobre mi frente para evitar que los rayos solares me cegasen.

Debido a la ausencia de Vruwyn, había menos seguridad en Dírdin. Ya que había superado el Reino Naciente, podía usar magia sin inconvenientes más allá de la cantidad de qí y la complejidad, por lo que empecé a trabajar como guardia.

De paso podía desahogar mi furia, tristeza y estrés restante matando monstruos. Ya estaba bastante acostumbrado a acabar la vida de esas criaturas, por lo que no tenía problemas morales más allá de un ligero remordimiento y asco hacia mí mismo.

Un día como cualquier otro, me encontraba haciendo guardia. Era mediodía y yo era el único mago presente como vigilancia, pues Ádellet estaba con Gadwil, quien recientemente regresó de la Academia de Artes Militares Romtus, para darle una bienvenida apropiada.

Me pregunto si cuando dijo «bienvenida apropiada» no se estaba refiriendo a otra cosa, pensé con una sonrisa. Ha estado acumulando estrés todo este mes, es una adolescente que estuvo solitaria durante varios años y ahora regresa su querido novio. Después de tanto trabajar para mantener seguro el pueblo, se lo merece.

Mientras pensaba, caminaba con paso ligero. Últimamente los monstruos estuvieron escaseando, por lo que los peligros eran escasos y podía dejarle el trabajo de proteger la entrada de Dírdin a los no-magos como Falein. Al susodicho le había afectado bastante la partida de Vruwyn, tomando el lugar de líder de los guardias.

Me está empezando a dar hambre, me quejé. ¿Debería regresar y…?

Mi carril de pensamientos se descarriló en el momento en que un dolor abrumador se originó en mi costado derecho antes de extenderse por todo mi cuerpo, escupiendo una bocanada de sangre en cuanto sentí cómo una de mis costillas perforaba mi pulmón (seguramente izquierdo). Vi cómo mi visión se distorsionaba en cuanto salí volando hacia la derecha a una velocidad pasmosa, sintiendo la presión del aire antes de impactar contra un árbol.

¡¿Qué mierda?!, apenas me mantenía consciente, sintiendo cómo respirar era una tortura mientras vomitaba cantidades insólitas de sangre.

Mi brazo derecho se había dislocado, el árbol contra el que impacté estaba destrozado. Podía ver un río cerca, el mismo que iba hacia a Dírdin y muy usado para pescar. Sentía cómo las astillas se incrustaban en mi piel, aumentando el dolor.

Cuando vi al culpable de mi precaria situación, me encontré con la fría mirada de una mujer de ojos negros como el abismo más oscuro y un cabello blanco como la nieve. Portaba una pesada armadura plateada con símbolos que se me hacían familiares y una espada con adornos dorados.

El aura invisible de dominación y supremacía absoluta que irradiaba me dejó completamente paralizado. Mi respiración se cortó y mi corazón latió casi tan fuerte como cuando me encontré con Um’qognaar el Patrono del Óbito en aquel sueño. Lo que se estaba apoderando de mí era un simple y profundo terror.

La mujer sacó algo de un compartimiento de su armadura, el cual no pude discernir debido a mi visión nublosa. La escuché decir algo, pero tampoco logré entender nada.

De repente, toda la presión invisible que irradiaba desapareció y empezó a acercarse a mi dirección. Quise arrastrarme lejos, aterrado, pero mis heridas eran demasiado graves y terminé escupiendo bastante sangre.

—No te preocupes, pequeña —dijo la mujer, tocando mi mejilla. Su tono era casi indescifrable, pero podía discernir… ¿tristeza?

Su tacto, a pesar del guante negro que llevaba, era cálido y agradable. Me embriagué un poco con ese sentimiento tan parecido al de una madre con su hija, pero no pude dejar pasar lo que sucedió después.

Todas mis heridas estaban sanadas.

¿Una sanadora?, pensé con un profundo sentimiento de conmoción. Se ve como una potenciadora y aún así es una… ¡y encima es malditamente poderosa! ¡Una curación de ese nivel cuesta tanto qí que se considera de rango avanzado! ¡Y ni siquiera se inmutó!

No sabía si sentir miedo, admiración o sospecha, pero lo cierto es que me había encontrado con una persona más que poderosa. Es probable que fuera ella quien me hiciera las heridas, aun así se mostraba como una buena mujer.

Sin embargo, ¿quién se supone que es…?

—Vuelve a casa, pequeña —dijo la mujer, interrumpiendo mis pensamientos—. Descansa bien, ¿si?

Su tono era dulce e hipnotizador con un profundo sentimiento de tristeza. ¿Tan mal se siente por haberme lastimado? Bueno, es mejor a mostrar pura indiferencia.

Apenas me levanté, quise preguntarle sobre su identidad y razón de estar en un lugar como el Pueblo de Dírdin. También quería saber el porqué de haberme dañado así, más por curiosidad que por otra cosa.

Sin embargo, cuando levanté la mirada, ya no estaba.

¿Qué carajo?, me pregunté, completamente aturdido y atónito. ¿Aparece de la nada y desaparece de la misma forma? No sé si sentirme sorprendido y admirado por tales habilidades o enfadado por tanta desconsideración.

Me quedé parado unos minutos, tratando de averiguar cómo había aparecido y desaparecido como si nada. Sin embargo, mis conclusiones sólo eran que hubiese usado magia dimensional, algo de lo que nunca escuché y que posiblemente no exista.

Resignado a quedarme con la duda, regresé a Dírdin. Esa mujer me había enviado a volar bastante lejos, por lo que tardé un buen tiempo en llegar, más aún si se considera que me sentía increíblemente cansado debido a la pérdida de nutrientes que provoca la curación mágica.

Ahora tengo mucha más hambre, me quejé para mis adentros.

En cuanto llegué al pueblo, me encontré con una escena… peculiar. ¿Por qué hay militares en Dírdin? Ese tipo que parece el líder se ve bastante rudo… ¿y por qué Falein está tan nervioso? Pareciera que estuviese al borde del llanto. Todos muy serios… Sí, algo muy malo está pasando. Espera, ¿no será…?

Sentí que mi pecho se apretaba en cuanto la sola idea se formó en mi mente; no podía ser eso.

Aterrado ante la mínima posibilidad, caminé hacia casa… y corrí. Paso lento, ligero y finalmente correr con todas mis fuerzas. La inquietud no hacía más que aumentar y, cuando entré a mi hogar, mis dudas se convirtieron en horror.

Sentadas en el comedor, se encontraban Syndra y Ádellet. Ambas tenían lágrimas en los ojos, gimoteando palabras llenas de la más pura tristeza mientras se abrazaban.

Sobre la mesa, una carta.

—M-Mamá, Á-Ádel… —Me acerqué, mi cuerpo temblando mientras negaba que lo que estaba pensando hacía apenas segundos fuese real—… ¿Q-Qué…? No es e-eso, ¿verdad…?

Cuando me acerqué lo suficiente, mis ojos se encontraron con los de Syndra. Esos órganos visuales de color escarlatas derramando lágrimas, su mano sosteniendo la carta y acercándola a las mías. La agarré, sintiendo mis manos temblorosas, y leí un fragmento.

«Vruwyn Górmot ha muerto.»

No hay comentarios.:

Publicar un comentario