2024/02/24

Capítulo 14: Porque decidí ser mejor

Vruwyn Górmot, mi padre en este mundo y el de Ádellet Górmot, mi hermana mayor. La persona que me había criado junto a Syndra Górmot. El hombre que me enseñó las artes marciales. El hombre que había dado su vida en batalla.

Estaba muerto. Mi padre estaba muerto.

Me senté, mis piernas temblorosas. El tiempo pareció detenerse y todo el sonido opacado. Leí la carta entre mis manos, mis ojos luchando contra las lágrimas.

«Familia Górmot, lamentamos su pérdida. Vruwyn Górmot ha muerto en batalla, en la Ciudad de Xebrana, contra las Fuerzas Armadas Imperiales del Imperio wandiolense...», e-esto tiene que ser una broma. «... Luchó a muerte contra el potenciador y general Jeglorián Írnadun, quien lo decapitó y levantó su cabeza como señal de victoria. Momentos después, la aplastó y el resto de su cadáver nunca fue encontrado. Lo único que se encontró fue su espada.», sí, esto es una b-broma. «Vruwyn murió como un héroe y agradecemos todo el esfuerzo que puso en batalla, que nos ayudó (junto a su pelotón) a recuperar ciudades. El país siempre estará en deuda con su familia. Atentamente…»

La carta se arrugó cuando las lágrimas cayeron. Mi rostro se retorció en tristeza y dolor.

No pude hacer nada, pensé entre culpa y remordimiento. Me juré que haría bien las cosas en este mundo, pero ni siquiera pude hacer que Vruwyn cambiase de opinión acerca de ir a la guerra. Ni siquiera lo intenté. Y ahora, y ahora... él está...

Sollocé, agarrando con fuerza la carta y pegándola a mi cara.

... muerto. Vruwyn está muerto, sentí una punzada en el pecho el sólo pensar eso. No pude impedir su muerte, y todo porque ni siquiera lo intenté. ¿De qué me sirve entrenar mi cuerpo si no tengo la fuerza mental para hablar? ¿De qué? ¡¿De qué?!

—... Soy una basura —murmuré tan bajo que nadie lo pudo escuchar.

No puedo hacer nada. Soy una basura que no puede hacer nada. Soy inútil. No sirvo.

Usé pura fuerza de voluntad para levantarme y dejar la carta sobre la mesa. Me acerqué a Syndra y Ádellet, abrazándolas mientras me unía a su sollozo.

Me resigné a llorar.

*

Los días siguientes fueron tristes y oscuros.

Nuestra familia estaba de luto al igual que el pueblo. No fui a la escuela ni tampoco entrené, Syndra junto al alcalde Danquiél preparando un funeral mientras los restos de la cabeza de Vruwyn aún estaban en camino.

Durante esa semana me encerré en mi dormitorio, llorando mientras me decía todo lo que estaba mal contigo. Todo lo que me llevó a tal situación. Mis debilidades tanto físicas como mentales.

¿Por qué tenía que ser tan débil? ¿Por qué no traté de convencerlo de quedarse? ¿Por qué me quedé quieto sin intentar nada? ¿Por qué? ¡¿Por qué, maldita sea?!

Una repetición de palabras que me mataban lentamente.

—Soy un puto inútil... —Me repetía una y otra vez, mi cuerpo acostado sin energía.

*

El fin de semana me vestí con un traje negro. Usé pura fuerza de voluntad para salir de casa, acompañado por Syndra y Ádel.

Fuimos con paso lento al cementerio del pueblo, donde nos esperaba todo el pueblo. El alcalde Danquiél estaba atrás de una fosa, la gente rodeando la misma. Al lado había un ataúd.

—Gracias a todos por venir y visitar a nuestro amigo por última vez. Aunque estoy seguro que sólo será una vez para muchos —dijo Danquiél, su postura erguida pero su voz y expresión tristes—. Este día se ve marcado por un terrible acontecimiento. La muerte de Vruwyn Górmot, el potenciador más fuerte de nuestro pueblo y el hombre más amado.

Danquiél miró el ataúd en silencio por un segundo, tomando aire antes de continuar.

—Vruwyn no fue una persona perfecta, cometiendo errores al igual que todos. Y eso lo hizo humano y querido por nosotros. Un hombre que, a pesar de todo, trató de hacer lo mejor posible por cada uno de los que están aquí presentes.

» Vruwyn nos protegió de los monstruos y bandidos. Puso en peligro su vida más de una vez para mantenernos vivos y sanos. Trabajó duro para darle a su familia, amigos y conocidos una vida en paz. Una en la que no habría que preocuparse por los peligros de este mundo.

» Luchó por nuestra nación, Krulmón, para evitar que el Ejército del Imperio wandiolense nos tome como otra provincia. Por desgracia, murió a manos del general Jeglorián Írnadun en la Ciudad de Xebrana.

» Su vida, valentía y sacrificio no serán olvidados. Doy paso al entierro.

Los amigos más cercanos de Vruwyn levantaron su ataúd, liderados por Falein. Lo metieron en la fosa frente a la lápida con el nombre, año de nacimiento y muerte de Vruwyn antes de taparla con tierra.

Lloramos por él, cada uno diciendo algo a su tumba antes de despedirse. A nuestra familia se nos dieron bendiciones y palabras de aliento.

Syndra pidió quedarse a solas, mientras que Ádellet y yo, junto a Gadwil y Danquiél, nos fuimos. El alcalde tuvo que dividirse de nuestro pequeño grupo en poco tiempo, yéndose a la municipalidad sin antes dar unas palabras de consuelo.

—Tu padre fue un hombre excelente —me dijo—. Él no querría que estuvieras en este estado. Trata de seguir firme y no ceder a la tristeza, Teressia.

Solté un audible suspiro mientras Danquiél se iba, esas palabras resonando en mi mente.

¿Tratar de seguir adelante?, pensé. ¿Cómo se supone que no ceda a la tristeza? Siento que mis hombros pesan y que mis rodillas tiemblan al caminar desde que Vruwyn murió. ¿Qué se supone que haga para luchar contra este sentimiento? ¿Contra mí mismo?

—El alcalde tiene razón —dijo Gadwil—. Vruwyn era un hombre maravilloso y atento a su familia. Te quería ver grande y fuerte, una futura y noble potenciadora que no teme a nada.

» Estoy seguro de que nunca quiso verte así; deprimido y sin ganas de hacer nada. Te amó y jamás lo negó. No sé cómo es estar en tu lugar, por lo que no creo ser de mucha ayuda, pero te pido que escuches mis palabras.

Miré a Gadwil a los ojos por primera vez en la conversación.

—Resiste y continúa. Por Vruwyn.

*

—«Por Vruwyn» —repetí esas dos palabras en un murmullo, mirando el techo de mi dormitorio mientras estaba acostado sobre mi cama.

¿Por Vruwyn?, por primera vez en mis nueve años en Qíntico, sentí que esas palabras sonaban falsas.

Viví más de veinte años como un drogadicto que subsistía del dinero de su madre. Ignoré al resto de mi familia, sin importarte nada sobre sus vidas, sus sentimientos. Nací con todo lo necesario para al menos intentar ser algo en la vida, pero lo desperdicié. Dejé que el tiempo pasara, mi mentalidad decayendo cada vez más.

Maté a una anciana y le robé su dinero, robando a decenas de personas. Me drogué día y noche con mi hermano y sus amigos. Insulté a mi propia madre más de una vez cuando no obtuve lo que quería, siendo yo ya un adulto y no un niño.

Entonces, ¿por qué lloré por la muerte de Vruwyn?

Sólo viví nueve años en el cuerpo de Teressia Górmot. nueve años no deberían poder cambiar la mentalidad de un veinteañero drogadicto, infantil y sin futuro. No debería estar preocupado por la vida de Syndra y Ádellet, ni por la muerte de Vruwyn.

Entonces, ¿por qué me esfuerzo tanto?

Porque decidí ser mejor, suspiré.

No quería continuar como Bruno Ezin. No quería seguir siendo un drogadicto infantil y que le importaba un bledo los sentimientos del resto. No quería ser una persona tan despreciable, no después de saber todo lo que pasé por alto y el daño que causé.

Decidí que sería mejor. Que me importaría de verdad los sentimientos de mi familia, que cuidaría de ellos y de mí mismo. Que, sin importar cuánto me costase, sería una persona mejor, un hombre del que mis nuevos padres estarían orgullosos.

—¿Qué hago lamentándome? —suspiré, sintiendo que algo dentro de mí volvía a funcionar.

Me senté en la orilla de mi cama, tomando aire antes de levantarme.

Cambié mi ropa por una camiseta holgada, pantalones holgados y botas. Agarré la espada de madera que usaba Vruwyn, la cual había dejado en un rincón de mi dormitorio.

Después salí, dirigiéndome al patio.

Cielo despejado, sol alto y silencio, pensé con mis hombros finalmente abandonando ese peso mental sobre ellos, mis rodillas sin temblar y mis manos sosteniendo con firmeza la espada de madera.

Si quería ser mejor, tenía que mejorar. Y el primer paso para eso sería volverme fuerte; tener el poder de defender a los que amo y aprecio. Tener lo que se necesita para que no se me arrebate nada más.

Sonreí con lágrimas en los ojos, sintiéndome en mi mejor condición. Lloraría la muerte de Vruwyn, pero no dejaría que eso me impida avanzar. No por completo, al menos; todo a su tiempo.

Entrené.

*

Dos días después, reuní a Syndra y Ádellet en la sala de estar.

Allí les di mi propuesta de ir al bosque, siguiendo el río hasta un lugar despejado donde podríamos armar un pícnic. Ya había explorado el lugar de antemano, por lo que estaba seguro de que no habría peligros debido a la escasa vida monstruosa de allá.

Quería que pasáramos un tiempo en familia, tranquilo y sin preocupaciones. Poder recordar lo bueno que es estar juntos y superar la muerte de Vruwyn.

Syndra y Ádellet aceptaron de inmediato, la primera preparando comida para llevar. Pusimos todo en dos canastas, yéndonos de Dírdin y adentrándonos al bosque.

No nos costó mucho tiempo, llegando en tiempo récord a la zona despejada. Allí pusimos un mantel sobre el césped, sentándonos mientras dejábamos las canastas.

—Fue muy lindo de tu parte invitarnos aquí, querida —dijo Syndra con una sonrisa de oreja a oreja, la suave brisa moviendo su cabello castaño suelto—. Este lugar es muy tranquilo y hermoso.

—Quería que pudiéramos pasar un tiempo en familia —dije, sintiéndome bastante relajado, aunque con vestigios de melancolía—, superar la muerte de papá y recordar lo bueno de estar unidos.

—¡Ay, eres un amor, Teressia! —exclamó Syndra, conmovida hasta las lágrimas mientras me abrazaba con fuerza—. Si Vruwyn estuviera aquí, estoy segura de que estaría orgulloso de ti por tan noble decisión.

—«Si Vruwyn estuviera aquí...» —Oí a Ádellet repetir entre murmullos, sus hombros bajos y su expresión melancólica.

Ella había vivido mucho más tiempo con Vruwyn que yo, por lo que tenían una relación más profunda. La muerte de papá debió haberla afectado peor, su comportamiento «apagado» de estos últimos días remarcando este hecho.

—Sé que es duro, cariño —le dijo Syndra, adelantándose a mí—, pero Vruwyn no querría vernos tan tristes. Estoy segura de que él querría que estuviéramos felices y continuemos con nuestras vidas.

—Lo sé, pero... —suspiró Ádellet—. Es difícil. Muy difícil.

—Si es así, entonces únete a nosotros —dijo Syndra con una sonrisa maternal—. Si no puedes superarlo por ti misma, te ayudaremos. Todo se puede en familia, ¿sabes?

Ádellet se mostró inquieta, pareciendo pensar en algo. Nos miró durante unos segundos antes de suspirar y mostrar una sonrisa, diciendo: «Okey, entonces».

*

Comimos y bebimos durante un buen rato. Compartimos chistes para aligerar el ambiente, recordando lo bueno del pasado.

Al llegar el mediodía, decidimos regresar a Dírdin. Sin embargo, antes de eso, Ádellet quiso ir a refrescarse la cara en el río cercano. Se había estado riendo tanto que se puso roja y le agarró calor. Me había pasado lo mismo, por lo que la acompañé.

El río estaba a pocos metros, algo escondido por los árboles, arbustos y césped alto. Allí nos arrodillamos para agarrar agua y tirarla a nuestras caras, sintiendo el frío líquido refrescarnos.

—Gracias por esto, Teressia —dijo Ádellet en un momento dado.

—¿Por qué? —pregunté con el ceño fruncido por la confusión.

—Por habernos dado un momento en familia —respondió Ádellet—. Sin ti, aún estaríamos encerradas en casa y lamentándonos sobre la muerte de papá. Ahora, en cambio, podemos regresar y volver a la normalidad.

Sonreí ante las palabras de mi hermana.

Me agradaba saber que había hecho algo bien. Que mis acciones sí sirvieron. Estaba tan contento con eso que iba a demostrarlo con palabras, cuando...

—¿Uh?

De repente, percibí algo rojo por el rabillo del ojo y un olor familiar y nauseabundo. Me volteé, mirando el río.

Y, entonces, lo vi.

Rojo. El agua estaba manchado por rojo. Un olor a hierro plagaba el aire, cosas carnosas siendo llevadas por el río.

Uno, dos, tres, cuatro, cinco... decenas. Eran decenas de miembros desmembrados que flotaban en el agua. Cabezas, brazos, piernas...

Mi corazón latió con fuerza, mi respiración entrecortada; me di cuenta de un hecho. Una verdad horrorosa.

El río conectaba con Dírdin.

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