Cuando desperté, me encontraba en una habitación similar al que usan los hospitales para dejar a los enfermos. Era mucho más rústica, como era de esperarse de Qíntico, pero la camilla donde estaba acostado era bastante cómoda y mi brazo derecho estaba como nuevo.
Sin embargo, ni siquiera eso quitó el profundo sentimiento de impotencia y derrota que pesaba sobre mi pecho. Mis ojos habían dejado de llorar desde hace rato, al parecer, pero ya empezaban a llenarse de lágrimas.
Habiendo perdido mi tiempo en el torneo y ser derrotado a pesar de tener la «ventaja» no hacían más que dolerme. Ahora sólo tenía ganas de llorar un rato.
—Al menos espera hasta que te explique las cosas —dijo una voz horriblemente familiar mientras sentía cómo golpeaban con suavidad mi frente.
—¿Q-Qué haces a-aquí? —pregunté, mi voz débil y mi garganta seca, a mi último oponente en el torneo.
—¿No es obvio? —Jandrio seguía teniendo esa estúpida sonrisa suya—. Te dejé ganar.
—¡¿Q-Qué?! —A pesar del extremo dolor que me causaba moverme y hablar, levanté mi torso para ver con incredulidad al Guerrero Errante.
—Moverte y gritar así sólo empeorarán tu condición —dijo Jandrio con voz severa, empujándome para que me acueste de vuelta—. Después de ver lo mucho que querías ganar al menos el tercer lugar y tener, más o menos, una idea del porqué… ¿Eh? ¿Y esa cara?
—¿Interactuaste con una mujer alguna vez? —pregunté, sintiendo que mi temperatura había aumentado.
—Uh, ¿y eso qué tiene que ver? —preguntó Jandrio, confundido.
—¡Que no debes tocar el pecho de una! —exclamé con una sorprende fuerza. ¡El bastardo me había empujado tocándome las tetas!
—¿Q-Qué? —exclamó Jandrio, con una expresión de incomodidad y sorpresa—. P-Perdón, yo...
—¡OH! —Entonces, ambos nos dimos vuelta para ver a las inesperadas invitadas.
Syndra y Ádellet parecían haber abierto la puerta y entrado sin que nos diéramos cuenta, la primera tapándose la boca con asombro mientras que la segunda mostraba una amplia sonrisa que no inauguraba nada bueno. ¡Escucharon justo el peor momento!
—E-Esperen, no es… —Quise decir, pero fui interrumpido.
—Perdón por interrumpir el momento, ¡pero largo! —le dijo Syndra a Jandrio con aparente enojo, aunque su sonrisa la delataba—. ¡Quiero estar con mis hijas a solas, así que nada de novios!
—¡E-Eh, espera un momento! —Jandrio ya estaba siendo empujado fuera para cuando quería defenderse—. ¡Y-Yo no…!
Y la puerta se cerró.
—¡N-No es lo que creen! —dije—. Fue sólo otro m-malentendido, eso es todo. Jandrio…
—Si puedes defenderlo con tanta energía, jovencita, entonces significa que estás en mejor estado —interrumpió Syndra, palmeando mi frente en lo que parecía un golpe—. ¡Estuvimos increíblemente preocupadas por ti! ¡Esperamos más de veinte minutos para que nos dejaran verte y tú andas coqueteando con ese joven!
—¡Y encima con uno guapísimo! —dijo Ádellet. ¡¿No era que tenías novio, bastarda?!—. Tan joven y ya teniendo a un galán a tus pies, ¡eso es, hermanita!
Malditos malentendidos.
*
Syndra y Ádellet me informaron sobre lo que pasó mientras estaba desmayado.
La siguiente mitad del torneo empezaría a partir del mediodía y sería el momento en que los emisores participaran. Debido a que Noktah Froerum, Saakena y Kondro Zavinkov participarían, la cantidad de gente se hubiera multiplicado si no fuera por el límite de personas del edificio.
Syndra estuvo bombardeándome con preguntas sobre mi salud, mientras que Ádellet me interrogó sobre mi relación con Jandrio. En el momento en que se aseguró de que no corría peligro de muerte, la primera se unió a la segunda para demandar explicaciones.
Por suerte, mi salvador llegó.
—Para haber visto cómo su hija/hermana casi muere, se encuentran bastante enérgicas —comentó Rakuth al entrar, vestido como un auténtico aristócrata—. ¿Te encuentras bien, Teressia?
—¿Te parece? —Mis palabras rezumaban ironía pura.
—No mucho, pero tengo algo que te ayudará —dijo Rakuth con una risa, sacando un elixir y entregándomelo—. No sé cuántas pócimas más resistirá su cuerpo, pero con esto debería ser más que suficiente para que puedas caminar sin complicaciones.
—Gracias —dije, agarrando el elixir y bebiendo todo su contenido de un trago—, pero una comida caliente me serviría más. ¡Me ando muriendo de hambre!
—El elixir hizo efecto rápido, ¿eh? —carcajeó Rakuth ante mi energía y sacando varios sándwiches de su anillo dimensional—. Diste todo lo que tenías en esa batalla, así que te lo mereces. ¡Ahora la Liga Ilnak tiene bajo su patrocinio a una estrella en ascendencia!
—Creo que te confundiste de persona —dije tras un buen mordisco de un sándwich—, porque soy todo menos una estrella en ascendencia. Nueve años y Reino Psíquico, ¿recuerdas?
—¡¿Acabas de decir que estás en el Reino Psíquico?! —Rakuth parecía haber escuchado la noticia del siglo—. ¡Entonces las cosas son mucho mejores de lo que creí!
—Cariño —me dijo Syndra, con una sonrisa y una mano sobre mi cabeza para acariciarme, al notar mi estupefacción—, creo que olvidaste que estar en el Reino Psíquico teniendo nueve años y encima siendo una mujer no es cualquier cosa.
—U-Uh, supongo que tienes razón —admití, recordando cómo había leído sobre las estimaciones de tiempo para alcanzar cada reino mágico como potenciador y mi caso sería considerado como prodigioso.
Me acostumbré demasiado a crecer a este ritmo, pensé, por lo que me olvidé por completo de que mi caso NO es normal. Todos me dijeron prodigio todo este tiempo y lo tomé como cotidiano… Bueno, mejor eso a volverme engreído.
—Como estuviste desmayada casi por media hora, te explicaré —dijo Rakuth tras calmarse—: Jandrio es un guerrero nato al que nadie pude hacerle frente hasta ahora. Incluso si te dio la ventaja, tu demostración le hizo ver a todos que, a pesar de tu edad y sexo, eres una potenciadora con un futuro brillante.
» Ahora mismo, hay varios que quieren conocerte en persona. Muchos están curiosos por saber qué tan fuerte eres en carne propia y el estar patrocinada por la Liga Ilnak no hace más que ensalzar las cosas.
» El gremio empezará a beneficiarse de esto tarde o temprano y de una manera u otra. Habrá gente que querrá unirse y otros que desearán unirse a nosotros como aliados. Por ahora, el futuro parece brillante gracias a ti, así que te dejaré como regalo esa espada.
—¡¿Q-Qué?! —exclamé—. ¡Esa espada es de oricalco! ¡Yo no…!
—¡Soy el siguiente sucesor de la Liga Ilnak, por el amor de Faniria! —exclamó Rakuth, mencionando a la Diosa de la Fortuna—. ¡¿Sabes qué tan influyente y poderosa es, Teressia?! ¡Podría comprar más de veinte veces esa espada y aún tendría para rato, así que acepta el regalo!
—B-Bueno, pero tampoco presumas así... —dije, mi orgullo y billetera heridos.
—Perdón, pero no puedo dejar que mi soberbia aristócrata se vea herida —dijo Rakuth—. Ahora, ¿dónde planean viajar? Quizá les ayude financieramente.
—Al Reino de Irlad —respondió Ádellet—, a la Provincia de Kelgón, para ser exactos.
—¿Uh? —exclamó Rakuth, sorprendido—. ¿Por qué quieren ir a un lugar tan lejos…? Esperen, olviden lo que dije; prefiero no meterme en terreno pantanoso y abrir posibles heridas. Por la guerra puedo hacerme una idea.
—Gracias, supongo —dije—. ¿Nos puedes dar algo de dinero, por favor? Al menos para viajar con cierta comodidad.
—Puedo hacerlo —respondió Rakuth con una sonrisa astuta—, pero con una condición: tienes que elegir misiones importantes tantas veces como puedas y, cuando salgas victoriosa, decir que te patrocinamos. Con eso ganarás fama y la Liga Ilnak varios beneficios.
—Un ganar-ganar, supongo —suspiré, pues no me convencía del todo arriesgar mi vida seguido.
Media hora de acordar temas financieros y varias bromas después, ya estaba lo suficientemente sano como para levantarme y caminar sin problemas. Mis sentidos estaban un poco opacados y tenía una ligera (aunque presente) migraña, pero todo normal.
Cuando salí de la habitación, me encontré con Jandrio. El Guerrero Errante estaba acostado sobre unas sillas, vistiendo como civil y sin rastro de su armadura negra. Su lanza estaba apoyada sobre la pared en el rango justo para agarrarla y atacar, aunque seguramente fuese sólo mi paranoia.
—Hola, cariño —me saludó Jandrio, su tono y expresión imitando a la perfección lo que diría un típico casanova de anime.
Me quedé paralizado en mi lugar, viendo con la boca abierta al Guerrero Errante que ahora podría fácilmente enamorar a cualquier mujer. Sentí que mi temperatura corporal volvía a aumentar mientras escuchaba las risitas y exclamaciones de Syndra y Ádellet, Rakuth murmurando palabras casi inentendibles llenas de confusión.
—¡¿Q-Qué te pasa, imbécil?! —grité, presintiendo que mi rostro debería estar tan rojo como una remolacha—. ¡¿Qué fue eso de «c-cariño»?!
—¡Hey! —exclamó Jandrio con indignación y, ahora que me daba cuenta, estaba colorado—. ¿Sabes lo mucho que me costó decir eso sólo para hacerte reír? ¡Ahora que lo dije en voz alta ya me estoy arrepintiendo por la vergüenza!
—¡E-Entonces no digas idioteces! —argumenté, usando un hechizo básico de agua, «Atemperamiento», para moderar mi temperatura corporal—. ¡De por sí mamá y Ádel me molestan con nuestra relación!
—¿«Relación»? —Syndra parecía estar a punto de sufrir un patatús. ¡¿Y esa reacción?!
Ádellet no decía nada, pero mostraba una sonrisa demasiado amplia como para no estar pensando en algo malo para mi situación. Quise pedirle ayuda a Rakuth, ¡pero el bastardo había desaparecido por completo! ¡Me acaba de dejar a mi suerte!
—E-Eh, sí, no fue la mejor elección de palabras —dije, aclarando mi garganta para calmarme un poco—. Cambiemos de tema, por favor; ¿qué haces aquí todavía?
—Te dejo ganar, ¿y ya me echas? —Jandrio mostraba una exagerada tristeza—. Qué cruel eres, cariño.
—¡D-Deja de llamarme «cariño»! —exclamé—. Y no me refería a eso. ¿Por qué te quedaste a esperarme? Sé que me tuviste pena, pero creo que esto es algo exagerado.
—Corrección: «empatía» —dijo Jandrio—, pues estuve en una situación similar antes y simpaticé contigo. Vi que son buenas personas y que necesitan una ayuda, mientras que yo ya me estoy casando de mi viaje tan solitario. ¿Qué te parece ser amigos y acompañarlas?
Considerando su poder y carisma, sería un buen compañero de viaje, calculé. Aunque sea algo molesto y seguramente vayan a haber muchos malentendidos a futuro, el asegurarnos más protección y tener a un comediante de su calibre son un beneficio demasiado bueno como para dejarlo pasar.
—Sí, no parece mala idea —declaré.

No hay comentarios.:
Publicar un comentario