La Federación de Krovka es un país que se rige por un sistema monárquico, teniendo las Fuerzas Armadas más tecnológicamente avanzadas conocidas. Sin embargo, el aspecto social es pobre debido a las poderosas hambrunas que se viven en todo la nación debido al clima extremadamente frío y la fuerte población monstruosa.
Kondro Zavinkov, portando el rango de teniente general, ha recibido múltiples conmemoraciones gracias a su labor y generado un estrecho vínculo con la Familia Real. Sumando a la ecuación la fortuna que acumuló a lo largo de los años, el Señor de la Tormenta era un hombre que podría costearse una inmensa cantidad de cosas de alto valor sin inmutarse.
Bueno, ése sería el caso si no fuera porque Kondro siempre se destacó por su tacañería. Las pocas veces que gastaba grandes sumas de dinero eran por razones muy sólidas, como lo sería la boda con su esposa y la de su hija.
Haber comprado esta cosa tiene sus beneficios, se dijo para sí mismo mientras esquivaba con facilidad un tajo horizontal del sable de Noktah Froerum.
Su ojo derecho había sido arrancado en su juventud, cuando había luchado contra un hécate, un demonio de alto poder que absorbe la luz para fortalecerse. Tras tratar la herida con agua bendita para evitar una posible corrupción/posesión demoníaca, compró un ojo tecnomágico con múltiples funciones más allá de la mera visión, teniendo una base de datos que puede actualizar constantemente.
Si no fuera por ello, Kondro jamás hubiese notado que Teressia estaba en el Reino Psíquico. Notando su increíble talento y potencial, se le había acercado para asegurarse de que era una humana normal y no un demonio o monstruo cambiaformas; ya le había sucedido antes y no quería volver a pasar por lo mismo.
Luego veré si la encuentro para hablar un rato con ella, pensó Kondro, pero primero tengo que terminar esto.
Gracias a su ojo artificial y a sus increíbles reflejos, logró esquivar el sable de una aleación desconocida de Noktah. Era raro ver a una emisora utilizando armas blancas, por lo que la Cazadora Noctámbula era aún más rara.
El sable, a pesar de no haberle dado a su objetivo, liberó una explosión controlada de qí que obligó a Kondro a cubrirse con su manto azabache. El objeto, en realidad, estaba hecho de oricalco procesado a través de métodos extremadamente complejos y únicos que lo convirtieron en una tela capaz de proteger como un escudo en cuando el portador mandase la orden mental requerida.
—Te falta pulir tu velocidad, hermana —dijo Kondro con una sonrisa, activando las funciones refrigerativas de su ropa.
Entre los descendientes de los Doce Grandes, existía la costumbre de llamarse como hermanos debido a los fuertes vínculos que tenían sus antepasados. Claro, existían excepciones debido a ciertos renegados y a tensiones.
—Entonces, ¡prueba un poco de mi fuerza! —dijo Noktah.
Combinando la magia de la tierra y del fuego con maestría, la Cazadora Noctámbula usó su sable como amplificador. Al acercarse lo suficiente, lo blandió en un tajo vertical que llevó toda su fuerza sobrehumana a la vez que conjuraba un «Chorro Magmático».
Una explosión espontánea de lava obligó a Kondro a protegerse con todo lo que tenía, sintiendo con claridad cómo su manto de oricalco empezaba a sufrir daños severos. Sacó su báculo (un artefacto para manipulación y amplificación mágica) para atacar, pero ya era demasiado tarde.
El sable de Noktah rozaba su garganta.
—Bien, me rindo —dijo Kondro con un suspiro de resignación y una sonrisa suave, alzando las manos—. Admito que te subestimé.
—Bien hecho, hermano —dijo Noktah, envainando su sable mientras los organizadores del torneo la nombraban como ganadora.
—Igualmente —dijo Kondro de forma cortés antes de marcharse.
Noktah suspiró, sabiendo que ahora tendría que enfrentarse a Saakena.
*
Sentado en las gradas, puedo admitir con total sinceridad que fue emocionante.
Duró poco más de quince minutos, ¡pero fue increíble!, pensé con entusiasmo mientras veía a Kondro marcharse del anfiteatro. ¡Ver a dos descendientes de los Doce Grandes luchando es todo un espectáculo! Lástima que se movieron tan rápido que fue muy difícil apreciar la batalla.
—Apenas pude seguirlos con la mirada —comentó Jandrio, quien estaba sentado a mi lado, con admiración—. ¿Puedes creer que acabamos de ver a dos descendientes de los Doce Grandes luchando?
—No, pero aún falta la mejor parte —respondí con aún más entusiasmo—. ¡Saakena es un mito vivo, después de todo!
—Sí, es hasta aterradora —afirmó Kondro.
—Sí, ¿verdad…? ¡¿EH?!
¡¿Qué se suponía que hacía Kondro Zavinkov el Señor de la Tormenta sentado detrás de mí?! ¡¿Y por qué todos tenían la manía de llamarme/asustarme por atrás?!
Syndra, Ádellet y Jandrio quedaron petrificados, incapaces de reaccionar. Balbucearon palabras inentendibles mientras veían a Kondro como si fuese el acontecimiento del siglo. Cuando me volteé para verlo, el Señor de la Tormenta portaba una sonrisa suave.
—U-Uh, ¿usted…? —Me apresuré a decir, pero fui interrumpido.
—Nada de honoríficos, por favor —dijo Kondro—. Ya estoy cansado de eso; ¿por qué crees que dejé la Federación de Krovka para irme a otro continente? ¡Ya estoy harto de que todos me traten con tantos y que nuestras conversaciones se vuelvan ultra aburridas!
—Sí, s-supongo que tienes un punto ahí.. —suspiré—. Entonces, ¿qué hace aquí…? Ah, sí, ¿por qué me felicitó de la nada? Ya que estamos, quisiera aclarar mis dudas.
—Veo que eres una mocosa astuta —carcajeó Kondro de buena gana, acariciando mi cabello—, así que no te mentiré. ¿Ves esto?
Se levantó el parche, mostrando un ojo metálico de iris azul al igual que su ojo real. ¿Un miembro cibernético? ¡¿Existe esa tecnología en este mundo?!
—Es un ojo artificial de alto calibre —continuó Kondro, aparentemente ajeno a mi sorpresa—. Con él, soy capaz de, entre otras cosas, estimar el poder de un mago sin ver su flujo marcial.
—¿Eh? ¿Cómo se supone que hace eso? —pregunté, curioso y confundido.
—Imagina la cantidad de qí como agua en un recipiente —explicó Kondro—. Teniendo en cuenta las estadísticas, un potenciador promedio dentro de los inicios del Reino Sólido tendría un vaso medio lleno. Si nos vamos al extremo de la jerarquía, o sea, un mago en el Reino de la Supremacía tendría varias habitaciones repletas.
» ¿Sabes cuánto tendría alguien en el Reino Psíquico, aproximadamente en la mitad de progreso?
Negué con la cabeza.
—Dos jarras —aclaró Kondro—, algo que estás a punto de alcanzar. Ver tal cantidad de qí en una jovencita de tu edad me sorprendió bastante, por lo que quería acercarme para comprobar que no fueras un demonio o un monstruo cambiaformas. Ya me pasó antes, así que no quería revivir algo tan molesto.
¿En serio tenga esa cantidad?, me pregunté. No puedo entender la totalidad de la importancia que debe implicar, pero seguramente sea increíble si un descendiente de los Doce Grandes lo encontró sorprendente.
—También vi que tienes afinidad hacia el elemento acuático —declaró Kondro con una sonrisa astuta—, por lo que ya tenemos algo en común. Jovencita, ¿quisieras convertirte en mi discípula?
Mierda, pensé con entusiasmo y miedo, esto significa la oportunidad de mi vida. Si me vuelvo su aprendiz, un maldito descendiente de los Doce Grandes me enseñará todo tipo de cosas que puedan convertirme en un mago poderoso. Pero eso también puede significar algo peligroso…
—¿Tendría que acompañarlo? —pregunté.
—Sí —asintió Kondro—, ya que estoy viajando por el continente y luego me iré al archipiélago de Jerdra. Será un viaje extensivo donde practicarás cada día, tanto en forma teórica como práctica.
—Bien, bien… —Cerré los ojos, replanteándome las opciones—. ¿Sí o sí tengo que acompañarte YO, o puede ser viceversa?
—Tengo objetivos muy fijos que no puedo cambiar —respondió Kondro.
—Mm, entonces…
Hice una pausa de unos minutos para exprimir al máximo mi cerebro en búsqueda de alguna opción plausible. Sin embargo, mientras más buscaba menos encontraba y, al final, tuve que tomar una decisión agridulce.
—No —declaré, mis ojos demostrando seriedad y fijados en los de Kondro—, ya que ahora mismo estoy viajando hacia el Reino de Irlad junto a mi madre, mi hermana y mi amigo. No puedo cambiar ese objetivo por ahora, así que tengo que negarme aunque no me guste del todo.
» Mis prioridades son otras, así que te pido perdón. Quizá, en un futuro y cuando logre mi cometido, me vuelva su discípula. Si aún está dispuesto, claro.
—¡JA! —Kondro parecía haber escuchado el mejor chiste de su vida, lo que me dejó bastante confundido—. Eres tenaz, mocosa. Normalmente NADIE negaría una oportunidad tan grande dada por un descendiente de uno de los mismísimos Doce Grandes, por lo que me sorprende de forma grata tus nobles intenciones.
» Te doy estas dos cosas por hacerme reír.
El espacio alrededor de su anillo espacial se distorsionó por un momento, dos objetos cayendo sobre mis manos. Eran una tarjeta plateada y una varita carmesí.
—La tarjeta es un artefacto especial de Krovka —explicó Kondro—, al que llamamos «telecomunicador de uso único». Es una versión inferior de los telecomunicadores convencionales y, como su no tan original nombre indica, sirve para comunicarse una sola vez antes de deshacerse.
—¿Un teléfono? —murmuré, atónito al sospechar el parentesco.
—¿Eh? ¿Cómo sabes eso? —preguntó Kondro, estupefacto—. Es un nombre poco común para los telecomunicadores, así que, ¿cómo se supone que lo conoces?
—E-Eh, es que me gusta leer —respondí de inmediato. Demasiado rápido.
—Ajá —dijo Kondro, sin parecer muy convencido—, como sea. La varita es para tu hermana, quien parece tener un futuro brillante.
—Gracias —dijimos tanto Ádellet como yo.
*
Para la desgracia de todos los espectadores, incluyéndome, la batalla entre Saakena y Noktah duró apenas unos segundos. Al parecer, la Matagigantes ya no estaba de humor para luchar y quería marcharse de inmediato.
Al recibir los doscientos ágranes correspondientes al tercer puesto, me encontré con que habían varias personas esperándome. No niego que me sentí algo nervioso al tener una multitud viéndome fijamente, pero sentí un poco de alegría.
Un poco de conversación con algunos potenciadores después, ya me estaba alejando del edificio junto a Syndra, Ádellet y Jandrio. Todos nos sentíamos cansados por un día tan largo lleno de adrenalina y ya era bastante tarde, por lo que nos dirigimos a la posada.
—Tienes dinero para pagarte tu habitación, ¿no? —le pregunté a Jandrio, sólo por si acaso.
—Tengo lo justo y necesario —respondió el Guerrero Errante—, creo. Hace tiempo que no hago una misión como mercenario y el dinero me empieza a escasear.
—¿Eh? ¿Eres un mercenario? —La noticia me sorprendió bastante al no haber tenido ningún tipo de información al respecto.
—Sí, mira —respondió Jandrio con una sonrisa algo egocéntrica, sacando una insignia de la Liga Ilnak… de color dorado.
—Otra vez he sido humillada… —murmuré con un suspiro de resignación; el bastardo era de rango cuatro.

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