12 049 d. L., a mediados de invierno.
Ya habiendo cumplido los ocho años, ya me veía como una preadolescente e ingresé a la escuela del pueblo. La educación es algo obligatorio en Krulmón a partir de esa edad hasta los quince, la enseñanza durante los primeros seis años siendo algo del hogar.
La escuela, a diferencia de mis pesimistas expectativas iniciales, era un lugar bastante agradable donde podía conseguir mucho conocimiento. Pude hacer amigos nuevos y ayudar a los rezagados a integrarse, cumpliendo el rol que nadie hizo cuando yo era adolescente en mi vida anterior.
Gracias a esto, me volví medianamente popular, aunque no es algo que me importase demasiado… ¡¿A quién miento?! ¡Es genial ser el centro de atención de forma positiva!
Dejando eso de lado, las clases que más me interesaban eran las de Historia. Allí podía descubrir varias cosas sobre Qíntico.
—Hola a todos, pequeños —saludó la profesora Rorgva al entrar al aula.
Su cabello violeta le llegaba hasta los hombros, ojos negros y un cuerpo proporcionado, aunque sin ser nada del otro mundo. Llevaba puesto un vestido simple pero encantador.
—Como sabrán, hoy nos toca Historia —dijo Rorgva con una sonrisa suave—. Esta vez tocaremos la colonización de nuestro continente. Estoy segura de que saben, más o menos, que Dinrat antes había permanecido como inexistente ante el resto del mundo.
» Esta clase será larga, por lo que tomen un libro por mesa.
Sentado al frente, fui el primero en recibir uno de los libros, el cual se titulaba «Historia del continente Dinrat». Tuve que compartirlo con Áranqi (de cabello negro y ojos marrones), una preadolescente de mi edad con la que hablaba bastante seguido, presentando los indicios de un trasero bien desarrollado…
¡Nada de pensamientos sexuales con preadolescentes!, pensé de inmediato para despejar mi mente de esas ideas impuras. ¡Tengo más de treinta años mentales, así que nada de eso!
Eludiendo con éxito un dilema moral, abrí el libro y me dirigí a la página elegida por Rorgva. Allí se relataba la colonización de Dinrat.
«En el 1492 d. L., en Sortrón se empezó a teorizar la existencia de un nuevo continente luego del testimonio de unos naufragios», contaba el libro. «Intrigado por las tierras desconocidas, el Imperio rennan (al sureste) fue el primero en enviar barcos de exploración que tardaron alrededor de dos meses en llegar a las costas noroestes Dinrat, donde se comenzó la colonización luego de un arduo mes de investigación.»
¡Incluso el año es el mismo!, exclamé en mis adentros.
«Durante cinco años, el Imperio rennan se enfrascó en una guerra contra las avanzadas civilizaciones de aquel entonces, como lo sería la Dinastía Xhen», continuaba el libro. «El imperio tuvo que pedir ayuda a sus países aliados a cambio de compartir los beneficios, por lo que sólo se necesitó de otros tres años más para tener bajo control gran parte de Dinrat.»
Ocho años para dominar un continente. Eso sí que es ser bárbaro.
El libro dedicó una buena cantidad de páginas a relatar las consecuencias que tuvo la llegada de los rennan (sí, el gentilicio es igual tanto en singular como plural) al continente; masacres, enfermedades, esclavitud forzada, pérdida de población autóctona, etcétera. Habían dibujos bien detallados que aligeraban un poco el extenso texto.
Mm, ahora que lo pienso, me dije durante el recreo, ¿no deberían haber más avances tecnológicos? En la Tierra, no pasó tanto tiempo tras la colonización de América y estaban muy desarrollados. Aquí tuvieron más de diez mil años, pero todo se ve como la Edad Media… raro, o no tanto teniendo en cuenta que se apoyan demasiado en la magia.
—¿Me convidas? —preguntó cierto muchacho de nueve años, sacándome de mis divagaciones.
Sentados en un banco en el patio de la escuela, Anvún me hacía compañía como siempre. El tipo era muy pegadizo, aunque por razones nada relacionadas al sexo de cada uno. De hecho, que no pareciera sentir deseos eróticos hacia mí a pesar de los cambios hormonales era sorprendente.
No sé si sentirme aliviado u ofendido.
—Claro, gordito —dije, partiendo mi sándwich y dándole una porción. El apodo surgió del apetito cada vez más creciente de Anvún.
—Gracias —dijo él, empezando a devorar la porción de sándwich como si su vida dependiera de ello—, aunque yo debería ser el que te llame así. Después de todo, un poco más y te comes una vaca entera cada día.
Si vas a reprocharme, ¡al menos hazlo con la boca vacía!
—No hables con la boca llena, imbécil —me quejé mientras le daba un golpe no tan suave en la frente con el dorso de la mano.
Anvún se quejó de forma demasiado audible y estoy seguro de que estuvo a punto de insultarme como hacemos siempre, cuando fue interrumpido por la llegada de dos jovencitas. Corenka e Ípiani, para ser exactos.
Ambas vestían ropas abrigadas al igual que el resto, viéndose como preadolescentes con una belleza regular. Sin embargo, tengo el presentimiento de que eso podría cambiar para mejor.
—¿Cómo están, chicas? —pregunté luego de un bocado de mi sándwich.
—Aburridas —suspiró Ípiani, sentándose a mi lado.
—Me gusta aprender Religión, pero esa profesora alarga demasiado sus explicaciones —se quejó Corenka, sentándose también.
Si alguien más se siente, vamos a estar compactados, agregué para mis adentros ante la increíble reducción de espacio en el banco.
—¿Y Áranqi? —preguntó Ípiani con una ceja alzada.
—Está hablando con ese chico de nuevo —respondí, recordando cómo mi reciente amiga empezaba a tener una relación sentimental. Ah, crecen tan rápido.
—Hablando de chicos… —Corenka se inclinó hacia mí, su tono sugiriendo cosas problemáticas.
—No, gracias —dije de inmediato para zafar.
Debido a que mi mente sigue siendo la de un hombre heterosexual, tener una relación con otro está fuera de toda cuestión. En serio, ¡¿por qué tuve que renacer como mujer?!
—Oh, vamos —dijo Corenka, quien (por desgracia) se negaba a ceder—, ¿en serio no tienes a alguien en mente? ¿O es que estás con Anvún?
—¡Hey! —El susodicho se sentía indignado, aunque tenía un ligero rubor.
Oh, vamos, ¡no tú también! ¡Ni se te ocurra tener esos sentimientos, bastardo!
—Deja de decir idioteces. —Le di un golpe con el dorso de la mano a la frente de Corenka con una fuerza no muy suave—. Somos amigos, así que no manches nuestra relación con esas cosas.
Mierda, pensé al darme cuenta de mi error, ¡acabo de friendzonear a mi mejor amigo! Ah, bueno, ¡eso te pasa por no respetar nuestra relación!
Contra mis expectativas, pude suspirar de alivio mentalmente cuando me giré a ver la reacción de Anvún. ¡El tipo no parecía haberle afectado un golpe tan duro! ¡Incluso estaba satisfecho con mis palabras!
¡Eso es, gordito! ¡Mantente así!
*
Tiempo después, la siguiente clase, ahora de Religión.
—Existen dos tipos de dioses —dijo Rorgva—: los del orden y los del caos, también llamados dioses del vacío y dioses externos. Los primeros son divinidades tales como Lóndirra la Diosa de la Justicia, mientras que los segundos son seres horribles como Krok’zux la Abominación Reptante.
» La diferencia entre ambos radica en su origen: los dioses del orden nacieron desde los principios del tiempo y espacio, dando forma a lo que hoy conocemos como nuestro mundo. Los dioses del caos, en cambio, son criaturas de una dimensión destruida que no buscan nada más que la destrucción total para moldear nuestra realidad a su antojo.
» Los dioses del orden luchan constantemente contra los del caos, estos últimos siendo sellados o alejados a los confines más oscuros de nuestra dimensión. Sin embargo, tienen un poder tan grande que aún así son capaces de afectarnos de diversas formas.
» ¿Alguno escuchó del Culto de Kraknak?
Rorgva hizo una pausa corta para esperar algún candidato, a lo cual yo levanté la mano.
—Son una organización que adora a Krok’zux la Abominación Reptante —respondí cuando Rorgva me dejó hablar—. Están regados por todo el mundo y son altamente perseguidos por cualquier país que se respete. Uno de sus miembros más temidos y poderos es Leigong la Tempestad Ruin, quien se dice sacrificó a toda su familia a los dioses externos para conseguir poder.
—¡Bravo! —felicitó Rorgva con una amplia sonrisa—. ¡Como se esperaba de nuestra mejor alumna! ¿Dónde aprendiste todo eso?
—De un libro —expliqué—, uno de los de la escuela.
—Bien, bien —asintió Rorgva (más para sí misma) antes de continuar—. El Culto de Kraknak existe desde tiempos antiguos y tiene a las personas más temibles entre sus filas. Existen multitud de leyendas sobre ella, como la que dice que arrasaron con un imperio mediano en Qrétar.
Por cierto, Qrétar es un continente al sudeste. Está bastante alejado de Dinrat.
—A pesar de las terribles consecuencias que conlleva afiliarse a un dios del caos, existen adoradores como ellos —continuó Rorgva—. Esto se debe a que un dios del vacío concede grandes poderes y altera la mente de la persona, como si la hipnotizara. Aunque sigue habiendo multitud de hombres y mujeres que creen poder tener el control de la situación.
» Aun siendo el más conocido, el Culto de Kraknak no es el único que adora a los dioses del caos. Organizaciones y grupos como el Clan de la Toxina, la Hermandad de la Ceniza y el Ala Espectral existen por todo el mundo.
Interesante, pensé, debería investigar sobre eso.
La atractiva fuente de información que significó la clase continuó durante un buen rato. Ya era mediodía cuando ya tenía que volver a casa, por lo que me despedí de mis amigos y me marché de inmediato.
Mm, ahora que lo pienso, recordé, ya estoy casi a mitad del Reino Naciente. Mis meridianos se han expandido lo suficiente como para usar magia, creo.
Los potenciadores se enfocan en las capacidades físicas, pero aún son capaces de lanzar magia en formas simples como cubrir de fuego la espada. Esto sólo era capaz a partir del Reino Naciente, donde los meridianos se expanden lo necesario como para hacerlo sin ser cegado por el dolor.
Veré si consigo un libro sobre conjuros y hechizos.


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