Mi cuerpo estaba repleto de sudor, mi pijama pegajoso por el líquido. Mi pecho se inflaba y desinflaba, mi respiración entrecortada y mi corazón azotado por un profundo miedo.
¡Eso…! ¡¿Eso que carajo fue?!, pensé mientras intentaba calmarme. ¡Esa cosa… Ese lugar…! ¡No, imposible! ¡Es IMPOSIBLE que haya sido ese dragón-vurdalak, ¿verdad?!
Creía creer que no, que lo que había soñado era una simple pesadilla. Pero ese sentimiento, ese lugar, era tan realista y horroroso que no podía ser un sencillo producto de mi mente.
Suponiendo que fue ese dragón, ¿por qué esa cosa me habrá llamado?, me pregunté, empezando a tranquilizarme al darme cuenta de que no había peligro. ¿Por que a mí? ¿Y qué se supone que significan esas palabras?
Esa frase… No, esa profecía llevaba consigo un significado incierto y aterrador.
¿Un augurio de muerte, quizá?, me planteé con terror. ¿Cómo que las «aguas rojas»? ¡No hay nada como eso por aquí! ¿Y cómo que mi «destino se torcerá de forma irremediable»? ¡¿Qué se supone que significa?!
Estaba, simplemente, horrorizado ante la posible respuesta. ¿Qué ocurriría? ¿Qué evento tan catastrófico cambiaría mi vida? No, en primer lugar, ¿la alteraría o acabaría? ¿O la de la gente que me rodea? ¿Mi familia? ¿El pueblo? ¿O hasta el país?
Ah, mierda, ¡demasiadas incógnitas!, me quejé para mis adentros, levantándome. Lo único bueno es que parece que no pasará nada por ahora. Por el momento, estoy a salvo. No sirve de nada preguntarme cosas tan aterradoras sin obtener ninguna respuesta.
Resignado a no pensar en esas cosas para no aumentar mi angustia, me dirigí al baño y me empecé a duchar. El sudor era un problema serio, pero gracias a los dioses tenía agua caliente debido a un artefacto de uso común.
Mientras me bañaba, mis ojos vagaron un poco hasta encontrarse con mi cuerpo.
Aún tengo problemas para aceptar esto, pensé con algo de molestia, pero por ahora puedo aguantarlo bien. Lo que más me asusta es lo que pasará a partir de la adolescencia. Y lo peor de todo es que llegará más rápido.
Debido a que a los quince ya el cuerpo está desarrollado, la cantidad de tiempo de cada etapa es menor: la infancia dura siete años, la adolescencia seis y la adultez el resto (aunque no se formaliza legalmente hasta los quince), lo cual suele ser hasta los ochenta (la esperanza de vida promedio en el continente). Eso significaba que pasaría por los problemas típicos de las mujeres desde antes.
Necesito saber cuanto antes si la biología de las mujeres es igual a la Tierra o tiene diferencias notables, pensé. Quiero creer que no tendré las mismas dificultades que si fuese una mujer en la Tierra, pero ese sueño me hizo ver que mi suerte es menor de lo que creí. ¡Mierda!
Dejando de lado mis quejas, mi baño se extendió un buen rato. Necesitaba organizar bien mis pensamientos y calmar mis nervios por completo, por lo que una gran cantidad de agua caliente ayudó bastante.
—Ah, qué lindo es bañarse… —murmuré mientras salía del baño, ahora vestido con un pijama nuevo.
—Digo lo mismo —dijo una voz femenina que reconocí bien y que casi me hace tropezar por el susto.
¡Mierda, dos cosas aterradoras en una sola madrugada!, me quejé para mis adentros. ¡¿Ya se me está acabando la suerte o qué?!
—Á-Ádel, ¿qué haces despierta tan temprano? —pregunté a la adolescente frente a mí, quien ya había cumplido trece años y se encontraba sentada en el comedor.
—Tenía hambre —respondió Ádellet, dando un bocado al equivalente qintiquiano del yogur con cereales. Tenía una ligera sonrisa que estoy seguro era de burla tras darme el segundo susto más grande de mi segunda vida.
Sin embargo, también pude notar un toque de tristeza en su mirada.
Ah, sí, pensé al acordarme de un hecho importantísimo. Si no recuerdo mal, Gadwil se marcha mañana. Debe estar triste por saber que su novio se irá… Ah, ternurita. ¡Es hora de que la hermanita menor le haga compañía a su hermana mayor!
Me acerqué a Ádellet y me senté a su lado de inmediato, como si fuese lo más normal. Ella se mostró un poco sorprendida, pero mayormente alegre.
Nuestra relación se volvió bastante buena durante estos dos años. Ahora, en el otoño del 12 043 d. L., podríamos considerarnos buenas hermanas… Eh, espera, ¿dónde quedó lo de mantener los pronombres masculinos?
—Ádel, ¿qué tan fuerte es Gadwil? —pregunté, ignorando mi dilema interno como si no existiese para hacer uso de mis habilidades de actuación y verme como una adorable hermanita menor.
—Bastante —respondió Ádellet con una sonrisa—. Apenas teniendo quince, ya está a un nivel debajo de papá. Es todo un prodigio.
Okey, eso no me lo esperaba, el hecho me impactó bastante. ¡¿Quince años y ya está en el Reino Psíquico?! ¡Es un maldito genio!
En teoría, los potenciadores tardan más en avanzar en los reinos mágicos. Si se tuviese que comparar con números simples, un emisor tardaría diez años en completar uno, mientras que un potenciador lo haría en quince o veinte.
Que Gadwil, un tipo de sólo quince años, ya estuviera en el tercer reino mágico siendo un potenciador sólo podría considerarse como la flor y nata, un prodigio en toda regla. ¡Incluso podría superar a Vruwyn en poco tiempo!
—¡Eso es genial! —exclamé con total sinceridad.
—Sí, lo es —asintió Ádellet con una sonrisa de oreja a oreja. En verdad que está enamorada.
—¿Romtus queda muy lejos? —pregunté—. ¿Qué tan buena es? ¿Es muy cara? ¿Cuánto tiempo va a estar Gadwil allá?
—Vaya que eres curiosa, mocosa —dijo Ádellet con una risita, acariciando mi cabeza y despeinándome—. Te responderé en orden: sí, sí, más o menos y cinco años.
Estuve charlando con Ádellet durante un buen rato, compartiendo un buen tiempo de hermandad. Su estado de ánimo mejoró bastante, mostrándose más alegre y enérgica.
Luego de un tiempo, Vruwyn y Syndra salieron de su dormitorio y se pusieron a cocinar. El desayuno fue entretenido como siempre, un tiempo en familia con gracia.
Al terminar, Ádellet se fue a la casa de Gadwil y Vruwyn se marchó a trabajar. Syndra estuvo por hacer esto último también, pero la detuve a tiempo.
—Mamá, ¿tienes un libro de historia? —pregunté—. Específicamente sobre el dragón del cuento de ayer.
Aún pesaba sobre mi mente el aterrador sueño y su incierto y horroroso significado, por lo que quería orientarme más sobre qué carajo estaba pasando. Saber más sobre ese dragón-vurdalak sería lo mejor, logrando aprender más sobre qué se suponía que era y teniendo la mínima posibilidad de encontrar una respuesta o al menos el principio de una.
—Oh, ¿te interesó? —Syndra mostró una cálida sonrisa—. Lástima que no tenga uno, pero puedo pedirle prestado uno a Rorgva.
Rorgva es una profesora muy querida en el pueblo, siendo una erudita no-maga que se crió en Dírdin. Durante un tiempo estuvo viviendo en otra provincia, en Ytrak para ser específicos, el cual queda en el extremo sur. Su amor por los libros la convirtió en una buena fuente de información.
Syndra se marchó con rapidez luego de un breve intercambio de palabras, dejándome solo.
En teoría, hacer eso con un niño de mi edad no es, en definitiva, una buena opción. Sin embargo, en este caso fui yo quien literalmente suplicó por quedarse solo en casa hasta el almuerzo, que es donde volverían Vruwyn y Syndra.
La razón era simple: entrenar el Reino Sólido.
Piensa en cosas felices, piensa en cosas felices, piensa en cosas felices, me repetí, sentado con las piernas cruzadas, mientras me preparaba. Algo, algo… ¡Mujeres! ¡Sí, hermosas mujeres! ¡La bella naturaleza femenina que está esparcida por el mundo, dando a los hombres una vista que….! ¡MIERDA!
No quisiera dar detalles sobre el asunto, pero ya deja mucho a la imaginación que apenas pude controlar mi vejiga por el dolor inhumano.
*
Tiempo después, al mediodía.
Espero no volver pobre a mi familia de tanto comer, pensé mientras sostenía un libro significativamente delgado.
Luego de un abundante almuerzo (al menos para mí), Syndra me entregó el libro que le había pedido, el cual se llamaba «Crónicas de un santo no tan santo». Era bastante delgado y se veía antiguo.
La primera página, siendo una introducción, decía:
«Desde tiempos inmemoriales, se ha tomados a los dragones como criaturas poderosas y sabias. Seres que pueden arrasar con ciudades enteras, pero con la inteligencia para discernir entre el bien y el mal. No son monstruos ni qüelios, son mejor; consideradas las bestias más cercanas a los dioses, se les llega a venerar en múltiples culturas. Sin embargo, hay excepciones.»
Interesante, pensé antes de pasar página.
Por cierto, los qüelios (que significa «bestia mágica») son el equivalente de los animales en Qíntico. Se comportan como tal, teniendo habilidades mágicas.
«Antes de que los primeros colonos pisaran Dinrat, existía la Dinastía Xhen», decía el libro. «Poco se sabe de ella debido a que se ha borrado gran parte de la información existente debido a intereses políticos de la época, pero sí que veneraron, durante un tiempo, al que apodaban “Patrono del Óbito”, un dragón que se decía era el avatar de Grak’nulum, el Dios de la Muerte.»
Quizá si existan los dioses, comenté para mis adentros.
«No se sabe si fue verdad o no, pero lo cierto es que el dragón se llamaba Um’qognaar y que no era tan santo como se creía», debajo había un dibujo representativo de una criatura similar a un dragón chino de escamas plateadas. «Cegado por una codicia sin fin, sacrificó a cerca de mil personas para invocar a un vurdalak, con el que, de una forma que se desconoce, se fusionó hasta volverse un híbrido de poder abrumador.»
Esto es más aterrador de lo que creí, tragué un trozo de saliva. ¿Se supone que esa cosa me contactó a través de un sueño?
El libro dedicó dos páginas enteras para mostrar dibujos bastante detallados de Um’qognaar, representando tres temas fundamentales: cuando era venerado, cuando se transformó en un híbrido y un poco de la nación.
«La Dinastía Xhen pronto fue azotada por los ataques cada vez más frecuentes de Um’qognaar, quien sólo quería más y más poder», contó el libro. «Se conoce poco de las atrocidades que hizo, pero sí de lo que pasó después.»
Un dibujo increíblemente detallado de lo que parecía un templo se mostró, poniendo énfasis en su divinidad.
«El Santuario de las Cien Vidas, que se dice es el lugar donde Lóndirra fue que crió a sus cien discípulos, fue atacado por Um’qognaar, quien masacró a todos luego de una ardua batalla», relató el libro. «Tras diez días y diez noches, el santuario cayó bajo las garras del dragón, quien se adueñó del lugar. Poco tiempo después, la Dinastía Xhen envió a todo su ejército para acabar con él, pero todos murieron y sus almas fueron usadas como poder puro y maldito.»
Historia ya conocida, comenté para mis adentros.
«La zona fue llamada como la “Región de las Mil Muertes” por parte de los xhenianos, quienes quedaron gravemente debilitados y nunca volvieron a desafiar a Um’qognaar, a quien le ofrecieron cien sacrificios diarios para evitar ser aniquilados», narró el libro. «Luego de la colonización y posterior destrucción de la Dinastía Xhen, el dragón fue sellado gracias a los Doce Grandes durante la batalla conocida como la Contienda de los Campos Ardientes.»
¿Quiénes se supone que son los Doce Grandes?, me pregunté.


No hay comentarios.:
Publicar un comentario