2024/02/22

Capítulo 4: Práctica y cuento

El Reino Sólido es el más corto de todos, consistiendo en una transformación puramente física donde los músculos, los huesos y los órganos son reconstruidos y fortalecidos. Un masoquista podría llamarlo un paraíso, pues el proceso requiere de que, por ejemplo, los músculos se rompan y rehagan una y otra vez.

El lado bueno es que dura poco y da capacidades sobrehumanas. El lado malo es que el dolor será grotescamente horrible, haciéndome desear que muera en vez de sufrir algo así.

Quizá esté exagerando, pensé, pero en serio que esto será difícil.

Solté un suspiro de resignación, centrándome en el presente.

Sentado en el patio trasero, observé a las dos personas frente a mí: Vruwyn con una espada de madera y Ádellet con su varita. La herramienta que usaba mi hermana mayor era un artefacto de uso común entre los emisores, teniendo la capacidad de  facilitar el lanzamiento de magia y amplificar los efectos.

Ambos se habían reunido un fin de semana para practicar como lo hacían usualmente. Era una especie de tradición en la familia, algo que hacía Vruwyn con su padre y hermanos.

—Bien, prepárate —dijo, poniendo un pie adelante.

—Entendido —asintió Ádellet, quien se veía bastante tierna.

Vruwyn inhaló con fuerza antes de exhalar al mismo tiempo que se volvía casi un borrón. Me costaba seguir su rapidez, por lo que sus movimientos se veían como si cierto personaje de cómics estuviese usando su supervelocidad.

Un segundo después, Ádellet conjuró una «Cuchilla Incandescente»; una espada de fuego se materializó, interceptando el arma de madera de Vruwyn, quien ya estaba a pocos pasos de distancia.

Por cierto, las reglas ortográficas sobre el uso de mayúsculas es diferente en Qíntico. Los conjuros y hechizos también inician con una, siendo algo similar a una costumbre.

También hay que destacar que el qí de los magos cambia de color dependiendo de si son emisores o potenciadores y el reino mágico en el que estén. Esto puede manifestarse al exterior como un aura (campo de energía) en los primeros y en el flujo marcial en los segundos.

Emisores: gris, azul oscuro, azul claro, verde pálido, verde oscuro, blanco, plateado y dorado.

Potenciadores: gris, azul pálido, azul oscuro, verde pálido, verde oscuro, blanco, plateado y dorado.

En el caso de Vruwyn, que está en el Reino de la Cohesión, tiene un flujo marcial de color verde pálido, algo que se vislumbró cuando lo utilizó para fortalecer su espada y evitar que fuese consumida por las llamas, el arma brillando con dicho color. Admito que fue asombroso, aunque fuese un truco simple.

—Lo hiciste bien —asintió Vruwyn como si estuviese satisfecho, retrocediendo.

El objetivo de cada práctica era que Ádellet lograra tocarlo a él o a su espada con alguno de sus conjuros, cosa que logró. Aunque creo que fue más suerte que otra cosa, mi hermana mayor se veía bastante feliz por el resultado.

—¡Toma eso! —dijo con una pizca de arrogancia.

—Tampoco te creas mucho, jovencita —regañó Vruwyn, golpeándola en la frente con el dedo índice tras impulsarlo con el pulgar—. Aún te queda mucho camino; esta vez me contuve más.

—¡Auch! —se quejó Ádellet, tocándose la zona afectada con una mueca de dolor y haciendo pucheros—. Si como no…. ¡Hey, eso duele!

Un par de golpes no tan suaves en la frente después, ambos continuaron practicando hasta que ya era bastante entrada la tarde. Tenía una buena cantidad de sueño, por lo que entré tan rápido como pude para conseguir comida.

—¿Qué hay para comer? —pregunté, ansioso. Mi voz era bastante aguda, aunque sin ser molesta.

Además de ganas de dormir, el hambre me estaba matando. Me acerqué al comedor, donde estaba Syndra leyendo un libro de… ¿historia? Parecía serlo, al menos. Se encontraba sentada y, cuando me escuchó, fijó su mirada en mí.

—Espera un poco, cariño —dijo con una sonrisa suave—. Todavía falta para la cena.

—¿Cuánto? —La noticia no era muy conveniente que digamos.

—Unas dos o tres horas, quizá —respondió Syndra antes de volver a leer.

Mi metabolismo va a canibalizarse por completo antes de eso, pensé con una pizca de irritación. ¿No ves que estoy en pleno desarrollo, querida? ¡Me ando muriendo de hambre!

Ya llevaba un mes entrenando en el Reino Sólido, algo que me quitaba demasiada energía. Por la madrugada a duras penas zafé de desmayarme por el cansancio, desayunando como si no hubiese un mañana.

Mm, ¿debería ver si puedo cazar algo yo mismo?, pensé, aunque la idea me pareció absurda casi de inmediato. No, mi cuerpo es demasiado frágil ahora. Mi situación económica es estable, así que no hay que recurrir a medidas extremas.

Entonces, usé mi as bajo la manga.

—¿Al menos podrías darme pan? —pregunté, haciendo mi mejor esfuerzo para imitar la expresión de un perrito abandonado que añoraba que alguien lo adoptase.

—Mm… —Syndra me miró como si tuviese un conflicto interno—. Ah, bueno, ¡tú ganas!

Unos dos minutos después, empecé a devorar un buen pedazo de pan.

Exquisito, pensé con satisfacción mientras comía, aunque algo aburrido.

—¿Qué estás leyendo, mamá? —pregunté por pura curiosidad.

—Un libro sobre nuestro continente, querida —respondió Syndra.

—¿Qué dice?

—Algunos mitos y leyendas junto a momentos reales —explicó Syndra—, ¿quieres leer también?

—¡Sip!

Un minuto después, me encontraba sentado sobre el regazo de Syndra y con las páginas del libro enfrente. Una buena cantidad de texto junto a unos dibujos bastante detallados.

—Espera un momento, ¿si? —dijo Syndra—. Creo que tengo algo que pueda interesarte.

Pasó varias páginas hasta encontrar una sección llamada «La Región Maldita».

—¿Quieres que te lo lea, cariño? —preguntó Syndra.

—Sí —asentí de inmediato, sintiendo una profunda curiosidad.

—«En el extremo noreste de Dinrat, existe la llamada “Región de las Mil Muertes”, su nombre dado luego de que un ejército entero fuese eliminado» —relató Syndra—. «Durante varios siglos, fue el hogar de un misterioso dragón fusionado con un vurdalak…»

—¿Qué es un dragón? ¿Y un vurdalak? —interrumpí, queriendo saber cómo eran las criaturas del nuevo mundo.

—Los dragones son criaturas de poder abrumador y gran sabiduría; no se sabe de dónde provienen —explicó Syndra—. En cambio, un vurdalak es un tipo de demonio que consume la vida de sus seres queridos.

—Oooh —exclamé con sorpresa—, entendido. ¿Puedes continuar?

—«… que se adueñó del Santuario de las Cien Vidas, un lugar sagrado que se dice que fue donde vivía el avatar de Lóndirra…»

—¿«Avatar»? ¿Qué es eso? —pregunté, curioso y acordándome de cierto anime.

—Es la encarnación terrestre que toman los dioses, querida —explicó Syndra, quien no parecía molesta por mis interrupciones—. Sé que eres muy curiosa y todo, pero, ¿desde cuándo te gusta tanto saber cosas?

—¡Desde siempre! —exageré, haciendo mi papel de niña enérgica—. Pero tú nunca me lees cuentos así, mamá.

—Entonces te leeré más seguido —dijo Syndra con una sonrisa, acariciando mi cabeza y despeinándome un poco—. Entonces, sigamos.

El resto de la historia duró poco más de cinco minutos y, para resumir, todo el cuento (que según Syndra, es real) trata de un dragón-vurdalak que se adueñó del Santuario de las Cien Vidas, donde forjó un poderoso artefacto que aniquiló un ejército de mil magos y atrapó sus almas, convirtiéndolas en poder que convirtió la región en tierra estéril y repleta de monstruos.

¿Qué hace una madre contándole una historia así de aterradora a una niña de dos años?, me pregunté mientras esperaba la cena. Si no tuviese la mentalidad de un hombre de 27 años, seguramente hubiese quedado traumado. ¿Eso fue algún tipo de castigo por haber estado molestándola con la comida todo el día…? ¡Pues te salió mal la jugada, JA!

Dejando de lado la incierta razón detrás de contar algo tan aterrador a un niño, la cena estuvo deliciosa. En Qíntico, muchos alimentos tienen formas y colores extraños, pero los sabores siguen siendo exquisitos.

Qué suerte tengo de tener una segunda oportunidad tan buena, pensé mientras me acostaba en mi propio dormitorio, el cual ya había sido preparado con antelación a mi nacimiento y era bastante estrecho pero cómodo.

Minutos después, me quedé dormido.

*

Cuando abrí los ojos, me encontraba en un páramo de grandes árboles de naturaleza maligna y de tierra seca que parecía no haber sentido la humedad de la lluvia desde hace siglos.

Mi corazón pareció estar siendo azotado por una presión incomprensiblemente grande y aterradora, en mi visión encontrándose una criatura de proporciones inmensas. No podía discernir sus características sin importar cuánto intentase enfocarme, mi cabeza sólo era atacada por una poderosa jaqueca.

El miedo que sentía hacía temblar mis rodillas. Sentía que estaba por derrumbarme por el mero horror que me provocaba estar en aquel lugar… No, con aquella criatura. Esa cosa me observaba con unos ojos que parecían mirar el mismísimo alma.

—Cuando tus facciones se reflejen en las aguas rojas —recitó con una voz de ultratumba que parecía congelar hasta mi sangre—, tu destino se torcerá de forma irremediable.

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