Desde una edad temprana, Koigrim se destacó por la extrema velocidad detrás de cada uno de sus movimientos. Aunque su fuerza era destacable, la rapidez con la que podía ejercer sus ataques lo llevó a crear su técnica definitiva: «Diezmo Radiante», donde rehúsa a la defensa para lanzar un corte vertical desde la cabeza.
Básicamente imbuye sus músculos con qí para aumentar la velocidad y potencia, dirigiendo toda esa energía mágica a su arma en el momento en que ataca para desatar un poderoso rayo de luz que destruye todo a su paso. La habilidad la había practicado desde niño miles de veces para hacerla lo más efectiva posible, por lo que era su as bajo la manga para cualquier situación.
Sin embargo, a pesar de ser un guerrero más que capaz, Koigrim tenía un severo problemas: era un cobarde.
Aunque conocía sus capacidades más que suficiente, aun así seguía siendo temeroso a cualquier batalla. Despreciaba su cobardía, desahogándose con el entrenamiento (la principal razón de que hubiese avanzado tanto con el Diezmo Radiante). Volverse prácticamente la burla de sus compañeros no había ayudado mucho.
Es por eso que vio en Teressia un faro de esperanza; a pesar de al principio haber demostrado ser incapaz de hacer algo para mejorar su situación, de un día para otro logró que tres talentosos y arrogantes aristócratas la dejaran en paz y hasta parecía que le temían. Al igual que el resto de la clase, Koigrim no perdió de vista el evidente hecho de que las tornas cambiaron.
Con esto dicho, el joven plebeyo trató más de una vez tratar de acercarse a Teressia. Sabiendo lo poderosa y determinada que era, le tenía una cantidad significativa de admiración.
Pero, por alguna razón, Koigrim descubrió con pesimismo que el Filo Glacial lo evitaba. Era como si rechazase su existencia, cosa que desanimó en gran medida al joven plebeyo. Por desgracia, le era imposible que la razón del soslayo de Teressia era, nada más ni nada menos, su apariencia.
Koigrim tenía facciones ligeramente atractivas y afiladas, con un cabello rojo largo que amarraba hacia atrás con frecuencia. Sus ojos negros grisáceos parecían perlas, su postura erguida y su cuerpo atlético dándole una figura distintiva.
Esa apariencia tan similar a Jandrio hacía revolver el estómago de Teressia, quien trataba de evitarlo a toda costa para no pensar en el Guerrero Errante. Aunque sabía bien que cometía el mismo error que hizo con Ishtar por sus orígenes wandiolenses, se decía a sí misma que no afectaría en nada ignorar a un alumno que probablemente no la tendría en cuenta al igual que los demás. Muy equivocada, por cierto.
Aunque Koigrim se mantuvo bastante pesimista al respecto y siguió con su vida, encontró una valiosa oportunidad en el examen trimestral. Con el Hörgr de los Antiguos como escenario, podría aprovechar el hecho de que toda la clase tendría que trabajar en equipo para entablar una amistad o al menos compañerismo con Teressia.
Así fue como se armó con valor para ser el primero en comenzar la conversación.
*
Mientras caminábamos hacia el Hörgr de los Antiguos, no pude evitar sentir mi estómago revolverse al ver cómo se acercaba aquel alumno de cabello rojo.
No es Jandrio, no es Jandrio…, me dije para tratar de hacer frente a lo que sea que quisiera de mí o Ishtar, pero…
Tomando una decisión bastante cobarde, me cambié del lado derecho de Ishtar al izquierdo. Ella alzó una ceja, mostrando clara confusión, antes de notar la presencia de Koigrim y fruncir el ceño una fracción de segundo antes de sonreír con intenciones obviamente peligrosas.
—Perdón por molestar. —dijo Koigrim al acercarse, evitando que pudiera insultar a los antepasados de mi amiga—. Buenos días, señoritas Faelbrin y Górmot.
Aunque sentí sorpresa debido a su formalidad y al hecho de que mencionó mi apellido, no pude evitar mostrarle una mirada peligrosa a Ishtar cuando ella se alejó de mi lado para que no hubiese nada que molestase en el campo de visión de yo y Koigrim.
—No hacen falta las formalidades —dije, medio resignado a hablar con él mientras le daba una mirada más afilada de lo que quería—. ¿Qué quieres?
—Sólo quería mostrar mis respetos —respondió con un atisbo de miedo en sus ojos.
—¿Respeto? —Ishtar alzó una ceja.
—Bueno, no todos los días se ve cómo una extranjera republicana infunde el miedo en tres aristócratas talentosos —explicó Koigrim, haciendo que ambas frunciéramos el ceño sin que él pareciera darse cuenta—. No sé qué hiciste, pero ver cómo ellos parecen huir despavoridos de ti fue… ¿eh?
Sus ojos se abrieron un poco al ver cómo una cúpula de aire nos cubría a los tres, casi imperceptible si no fuera por un atisbo de qí en ciertas zonas. Mutismo es un conjuro eficaz para evitar el escape de sonidos, pero mantener atrapada la mezcla de gases que constituye la atmósfera terrestre siempre significa limitar el oxígeno, así que no es un hechizo para uso extenso debido a obvios motivos.
Sin embargo, no necesitaba mucho tiempo en esta ocasión.
—Escucha, imbécil —dije con más brusquedad de la que quería filtrar—, no sé si seas tan tonto o sólo un descarado total, aunque apuesto todo a lo primero, pero hablar de ese tema de esa forma con más de una decena de potenciadores aristócratas arrogantes alrededor terminará con tu cabeza separada de tu torso algún día.
Koigrim abrió los ojos como platos al darse cuenta de su error, deteniéndose por un instante antes de continuar la caminata.
—P-Perdón —dijo con algo de miedo, aunque no podía diferenciar si surgía de sus palabras anteriores o mi trato hacia él. Quizá una mezcla—, a veces hablo de más.
—Bien, pero procura hacerlo cuando nadie te escuche o podemos vernos involucradas —advertí, relajando un poco mi tono—. Ya tenemos suficientes problemas entre manos.
Deshice Mutismo tras hablar, dándole una última mirada de advertencia a Koigrim. Pensando que la conversación terminaría ahí, aceleré un poco mi paso, por lo que ver que se mantenía a mi lado y escucharlo reanudar la charla me sorprendió.
—Dejando de lado mis idioteces —dijo, sonando más firme que antes—, quería saber algo.
—Habla.
—Estuve notando que me… ignoraste, cuanto menos —explicó, haciéndome fruncir el ceño—. No sé si estoy equivocado o algo, pero pareciera que…
—Me recuerdas a alguien —interrumpí, desviando la mirada con un suspiro mientras recordaba mi odisea hacia Irlad—, un tipo con el que estuve viajando junto con mi familia.
—Ah, ¿es ese cabrón? —comentó Ishtar, notándose su enfado hacia Jandrio. No le había contado mucho sobre él, pero le dejé en claro mi enemistad con el Guerrero Errante.
—Sí —asentí antes de dirigirme a Koigrim, quien fruncía levemente el ceño con una mirada pensativa—. Perdón por ignorarte, pero recordar a ese tipo me revuelve el estómago. Es sólo un reflejo, así que no te sientas ofendido o algo por el estilo.
—No pasa nada —desestimó el joven potenciador, mostrando lo que parecía ser una sonrisa sutil—, ya que eso significa que no hice nada malo para merecer eso. Aunque sea algo brusco, ¿qué tal si somos amigos?
Pestañeé varias veces, sorprendido ante lo repentino de la pregunta. Ishtar alzó ambas cejas varias veces en un gesto sugerente que me hizo gruñirle, aunque no dije nada para pensar bien.
Viendo con detenimiento las características físicas de Koigrim, no pude evitar sentir mi estómago revolverse al compararlo con Jandrio. Sin embargo, tenerle algún tipo de rencor a alguien por algo que no hizo era injusto y dañino tanto para mí como para la otra persona.
Si pude hacerlo con Ishtar, puedo hacerlo con Koigrim.
Incluso así, sólo asentí. Tenía el presentimiento de que mis palabras podían salir algo bruscas, por lo que tomé la decisión de esperar un tiempo para calmar mis sentimientos al respecto y entablar una relación normal sin que el pasado se interponga.
Koigrim mostró una sonrisa amplia mientras que Ishtar asintió varias veces para sí misma.
Dejando de lado los posibles planes peligrosos de parte de mi amiga, el viaje al Hörgr de los Antiguos continuó con tranquilidad. Estaba relativamente cerca, por lo que su figura en la lejanía fue cada vez más visible hasta que pude distinguir sus rasgos con claridad.
El extenso bosque, el más grande de Irlad, está compuesto por todo tipo de equivalentes qintiquianos de las coníferas, predominando lo que parecen ser pinos de tronco blanco ligeramente azulado y hojas verde brillante que hacen que el lugar se asemeje a una gran esmeralda desde la distancia. Está flanqueado por un largo río por el oeste (que tiene un puente grande de roca maciza) y una pequeña montaña al este.
Ni siquiera tuve que concentrarme para registrar mis memorias sobre la flora, con el Hörgr de los Antiguos dándonos una cálida bienvenida de una forma más peculiar de lo que esperaba.
Apenas nos acercamos un par de metros a la entrada del bosque, una criatura emergió del enmarañado conjunto de árboles. Su cuerpo similar al de un reptil estaba cubierto por gruesas escamas de color verde pálido, sus fauces repletas de dientes tan afilados como cuchillas eran capaces de expulsar ácido, sus ojos brillaban de amarillo, su parte inferior era una cola de serpiente y sus únicas dos patas delanteras terminaban en afiladas garras. Su tamaño poco mayor al de una camioneta grande era amenazante.
No tuve que necesitar de un segundo vistazo para reconocerlo: era un lindworm, un qüelio que se dice es descendiente de los dragones, siendo considerado como un dragón menor. Aunque son originarios del norte, tienen una presencia relevante en el resto de Dinrat.
Incluso así, encontrarse con uno en tierras tan frías como lo era el Reino de Irlad podría ser considerado un hecho extraordinario. Que nos topáramos con uno apenas nos acercábamos al Hörgr de los Antiguos ensalzaba la idea de que tuvimos mucha buena suerte por un botín de ese calibre… o un golpe del destino por una muerte segura.
Bueno, ése sería el caso si sólo estuviera presente un solo mago común. Incluso yo tendría un par de problemas luchando contra un lindworm, aunque eso sería considerando mi estado anterior al progreso hacia el Reino de la Consolidación y la obtención del Lamento Invernal. Tenía el presentimiento de que podría ganarle tan poderoso como era ahora.
Rodeado de potenciadores de la academia de magia marcial más reconocida del continente… Bueno, no hace falta decir que el dragón menor no era más que un estorbo.
El primero en actuar fue Ishtar, como era de esperarse. A pesar de lo aguerridos que podían ser mis compañeros de clase, la joven wandiolense se destacaba como la más feroz.
Esquivando con fluidez al resto de alumnos, Ishtar avanzó hacia el lindworm. Soltó un rugido mientras saltaba, encestando un corte diagonal hacia la pata derecha del qüelio a la vez que desataba una Cuchilla Incendiaria altamente concentrada.
Cuando Ishtar aterrizó, una cantidad abundante de sangre se derramó mientras la extremidad verde del lindworm caía. Aprovechando que el equilibrio de la criatura se desvanecía, el resto de alumnos atacó con una combinación de armas y magia.
El cuerpo del lindworm se cubrió de múltiples heridas antes de que reaccionase, tomando una respiración corta y profunda antes de desatar un torrente de ácido que cayó sobre varios estudiantes. La magia, el uniforme y las capacidades sobrehumanas los salvaron de morir al instante, pero la piel corroyéndose era común entre ellos, en mayor o menor medida.
Aprovechando que el campo de batalla se amplió gracias a que muchos retrocedieron, avancé con paso rápido y fluido. Pude ver que Arnora iba a atacar, pero se detuvo abruptamente al verme, mostrando una mirada que no pude comprender del todo más allá de la falta del miedo.
Quiere que sufra alguna herida o hasta muera, concluí mientras desenvainaba mi espada. ¡Pues estás equivocada, perra!
Sonriendo de una forma más bárbara que pretendía, imbuí mi arma con un Manto Puntiagudo. Lancé un tajo horizontal hacia el estómago desprotegido del lindworm a la vez que conjuraba «Marea Cristalina», una magia criomántica avanzada que materializaba una densa ráfaga de estacas de hielo.
Mi espada no logró hacer un corte lo suficientemente profundo en las escamas verdes brillante del qüelio, apenas dejando entrever la carne debajo. Sin embargo, fue más que suficiente para una decena de fragmentos agua congelada abrieran la lesión y perforaran el interior del lindworm, quien se retorció entre ruidos guturales de dolor.
Cuando aterricé, tuve la suerte de moverme justo a tiempo para ver al siguiente en dar el golpe definitivo. Para mi sorpresa, fue nada más ni nada menos que Koigrim, quien siempre se caracterizó por ser cobarde ante aristócratas y durante casi todas las batallas.
En sus manos portaba un enorme hacha de doble filo con intrincados grabados que no pude distinguir más allá de una mezcla de amarillo y azul. El metal era de un negro frío que, por alguna razón, se me hacía extrañamente familiar y hacía resurgir una incomodidad en mi ser.
Koigrim se dejó expuesto al alzar el hacha sobre su cabeza, el lindworm tratando de dar un último ataque desesperado antes de lo que parecía ser un escape. Sin embargo, su torrente de ácido nunca llegó; cuando el arma bajó, una cantidad exorbitante de qí que erizó un poco el vello de mi nuca salió despedida como un haz de luz hacia el qüelio.
Debido a los rápidos movimientos del lindworm en un intento de atacar a Koigrim, la ofensiva del joven potenciador no dio donde debería. En vez de encestar una muerte rápida a través de la cabeza, gran parte del costado izquierdo del qüelio fue cortado, echando la sangre y las vísceras por el bosque.
Muchos nos quedamos medio paralizados ante el accionar repentino de Koigrim, pero no dejamos pasar por alto la muerte inminente del lindworm. El qüelio se tambaleó varias veces, tratando de escapar en un último acto desesperado, pero su huida se ralentizó lo suficiente por una mezcla de obvia pérdida de sangre y obstáculos como vegetación y rocas.
Antes de que alguien intentara atacar para rematarlo, el lindworm cayó sin vida.


No hay comentarios.:
Publicar un comentario