2024/02/25

Capítulo 37: Un futuro sombrío pero seguro

Tal como había dicho Syndra, Röskvi era especialmente amigable. A pesar de sus rasgos afilados, se comportaba como el típico amigo de toda la vida.

Realmente estaba emocionado, me quejé mientras sentía mi cuerpo más adolorido de lo que estaba. El cabrón abraza fuerte.

Abriendo los ojos, me encontré con una rayo de sol que se filtraba por la ventana de mi lado izquierdo. Cegado por la iluminación repentina, aparté mi cara mientras me limpiaba las legañas.

El dormitorio que nos habían dado era amplio, con una cama de una plaza y una litera, esta última donde yo me encontraba acostado; habían otros colchones en caso de más invitados, pero esta vez no era necesario. El resto de la habitación estaba adornado cosas como cuadros, un armario grande y un mueble al lado de la puerta que sostenía un lindo florero.

Volteando mi mirada de forma perezosa, me encontré viendo cierto objeto sobre una mesita de noche a mi lado. Era una prótesis de madera reforzada con magia simple, teniendo que fijarse con un arnés para que no se caiga.

Había sido un regalo de Agnar y Selina, el mejor objeto que pudieron costearse para darme. A decir verdad, no era mucho; aunque podía mover la mano y los dedos a través de un sistema mágico poco complejo, era como si la muñeca y cada falange estuviesen hechos de un metal altamente oxidado que se movía con lentitud y hasta con ligeras fallas ante cada orden psíquica. Incluso así, les agradecía profundamente.

Tengo suerte de que ahora soy ambidiestro.

Aunque me costó bastante tiempo, practicar la destreza con mi mano izquierda había tenido resultados favorables. En primer lugar, manejar la espada se había vuelto casi tan eficaz como cuando aún mantenía mi mano derecha, mientras que cosas más simples como escribir dejaron de ser un infierno. Incluso así, la parte izquierda aún no podía alcanzar la habilidad natural de la derecha.

Mirando mi mano, me quedé acostado por un largo tiempo. Simplemente no tenía ganas de levantarme, deseando poder quedarme sobre la cómoda cama hasta que el mundo se acabase.

—Qué tonto —murmuré antes de levantarme pesadamente.

Mientras me ponía bien el arnés del brazo protésico, noté que ni Syndra ni Ádellet se encontraban en el dormitorio. No sé si me desperté o muy tarde o ellas muy temprano, pensé con una sonrisa antes de salir de la habitación, vestido con una camisa holgada, pantalones blancos y zapatos.

La ropa era otro regalo, pero esta vez de Röskvi a todo el grupo. Debido a que nunca nos habíamos conocido y mandar la talla exacta era casi imposible, todo me quedaba al menos una talla por encima de lo que debería. Incluso así, tener una vestimenta limpia y cómoda era mucho más de lo podría apreciar a través de las palabras.

Acomodándome un poco mi desaliñado cabello, recorrí un corto pasillo antes de ingresar a la sala de estar. Dentro se encontraban Syndra y Selina, quienes charlaban enérgicamente con un ambiente muy similar al de dos abuelitas, lo que hizo apretar mi corazón al recordar las consecuencias que había sufrido mi madre para estar en tal estado. Ambas me saludaron con sonrisas en sus rostros.

Por otro lado, en la cocina estaban Ádellet y Agnar. Parecían conversar sobre algún asunto misterioso debido a sus sospechosos susurros. Mientras cocinaban algo que parecía un pollo, parecían dos conspiranoicos planeando algo sombrío. Cuando me vieron, parecieron tener algún tipo de idea, pues hicieron señas para que me acercara.

Reprimiendo una sonrisa burlona, les hice caso.

—¿Van a construir un sombrero gigante de aluminio o qué? —me burlé.

Ádellet y Agnar levantaron las cejas, claramente confundidos antes de que mi hermana mayor sacudiera la cabeza, como quitándose de encima las dudas. No estaba seguro de si el aluminio siquiera existiera en Qíntico, pero lo más probable es que no.

—Queremos comprar un sköll —respondió Agnar, bajando la voz lo suficiente como para que sólo yo escuchara.

Un sköll es un qüelio, el equivalente a los perros. En tiempos antiguos fueron monstruos junto a sus gemelos, los hatis, pero por alguna razón desconocida poco a poco se adaptaron a la categoría de la que hoy en día forman parte.

Su mención me hizo alzar una ceja, confundido.

—¿Y por qué el misterio? ¿No saben que mamá y la abuela pueden enterarse de que están tramando algo justo a su lado? —pregunté, medio sorprendido y medio divertido por la situación.

—Syndra está distrayendo a Selina —explicó Agnar—. No puede oír muy bien y está entusiasmada por pasar tiempo con su hija después de tantos años, así que no puede escucharnos.

—Bien, ¿y lo del sköll? ¿Es una sorpresa o algo así?

—Exacto —asintió Ádellet—. Queremos tu opinión al respecto.

—Mm, no sé qué quieren que les diga. —Me encogí de hombros—. A lo máximo le diría que tengan cuidado con no arruinar las cosas.

—Vamos, ¿mi hermanita sabelotodo ahora no puede darnos un consejo útil? —se burló Ádellet.

—Hey, ¿tengo cara de…? —Entonces, una idea tiró de las comisuras de mis labios en una sonrisa astuta—. Olvida lo que dije; sé cómo ayudar.

*

Aunque no lo había mencionado hasta el momento porque me pareció poco importante, la criomancia es una técnica avanzada de la magia del agua que se especializa en la creación y manipulación del hielo. Como potenciadora acuática, soy inherentemente capaz de usarla a través de la práctica, cosa que logré por completo tras la destrucción de Dírdin.

La criomancia es poco practicada debido a que manifestar hielo requiere de condensar el qí, un método difícil para la mayoría. E incluso más complicado es manipularlo cuando ya está conjurado con la forma de una serpiente, por ejemplo. De hecho, a pesar de mi entrenamiento como criomante, ni siquiera estaba cerca de igualar esa destreza mágica.

Incluso con las dificultades que se me presentaban, hice lo mejor que pude para entretener a Selina con artes criománticas. Debido a que había nacido y criado como una plebeya, su conocimiento sobre la magia era limitado en muchos sentidos. La submagia de hielo era una forma fácil de mantenerla enfocada en otra cosa que no fuera el hecho de que Ádellet y Agnar desaparecieron de la casa.

Exprimiendo mi imaginación, creé distintas figuras usando de base cosas tanto de la Tierra como de Qíntico. Camiones, quimeras, androides, dragones, instalaciones espaciales, hécates y un largo etcétera que formaron un pequeño reino de hielo.

En parte, el momento funcionó como un entrenamiento. Pulir mi habilidad con la criomancia era necesario si quería tener más defensas y ofensivas en mi repertorio para lo que me deparara el destino. 

Por otro, fue agradable ver a Selina tan entusiasmada. En la Tierra, mi abuela había sido tan dulce y cariñosa como ella. Recordando cómo había desaprovechado mi tiempo con ella, quería exprimir al máximo la ocasión.

Incluso así, la criomancia me quitó tanto qí que no sabía si me desmayaría en cualquier momento o directamente moriría. Gracias a Lóndirra, Ádellet y Agnar llegaron justo a tiempo junto a Röskvi, quien había estado trabajando.

Ver cómo el sköll, que era prácticamente un perro pastor islandés con pelaje azul brillante, volvía tan sorprendida y emocionada a Selina fue como una caricia al alma. Compartiendo el momento, acaricié al qüelio y aprecié su suave y algo cosquilleante pelo.

Con la familia reunida… o lo que quedaba de ella, me permití ser feliz.

*

No tuve mucho que esperar mucho para que una carta mía llegase a Rakuth y las consecuencias fueron más rápidas de lo que creí.

Según el ahora dirigente de la Liga Ilnak, no podíamos encontrarnos en persona por el trabajo que tenía encima y porque ahora estaba en la República de Zadek, al este-sudeste del Imperio wandiolense. Por ello es que tuve que ir a la sede del gremio local para contactarme con un empleado de confianza.

Dicho trabajador era justamente el maestro de la sede. Su largo cabello castaño claro siempre estaba amarrado hacia atrás, con ojos verdes como el césped que irradian astucia. Podría ser considerado guapo si no fuera por los kilos demás que lleva, haciéndolo ver bastante más gordo de lo común.

—Sí, creo que será posible —dijo, su nombre siendo Henrik—, pero tengo que advertirte de algo, señorita.

Ambos estábamos en su oficina, la cual era amplia. El escritorio de caoba estaba repleto de papeles, con un frasco de tinta mágica y un pincel cerca de una esquina. Una chimenea daba un agradable calor a la habitación, el piso tapado por una alfombra rojiza.

—Ajá, ¿de qué? —Pregunté. No quería sonar muy brusco, pero el tipo era más charlatán de lo que mi cansancio aún persistente (aunque en menor medida) me permitía.

—Aunque la rectora sea amistosa, no tendrá piedad contigo sólo por ser patrocinada por la Liga Ilnak —explicó Henrik con tono severo que atrajo por completo mi atención.

—¿Piedad? ¿A qué te refieres? —pregunté, aunque no pude evitar filtrar un poco de burla en mi voz—. No es como que me vaya a matar por estar en Romtus… ¿verdad?

—Ah, vamos, me dijeron que eras más inteligente que esto —dijo Henrik, ahora siendo su turno de filtrar la burla en su voz—. ¿Qué piensas que pasará cuando entres a la academia?

Entonces, pestañeé varias veces cuando me di cuenta de mi error.

—Lleno de niños y adultos arrogantes de familias aristócratas que no dudarán en pisotearme, el estigma social sobre los extranjeros empeorando el doble la situación y creando la oportunidad perfecta para el acoso escolar… —murmuré, horrorizado cuando recordé en qué situación me encontraba realmente.

—Bien, ahí lo tienes —dijo Henrik, señalándome con el dedo índice mientras se recostaba sobre su asiento acolchado—. La rectora es todo lo amable que quieras, pero es probable que no tenga piedad alguna contigo en cuanto a ese asunto. Cuando la reputación y el sustento de la academia de espadachines y caballeros más importante del continente entran en juego, una extranjera es el último peón al cual cuidar.

Tragando saliva, asentí, aunque era más para mí mismo.

—Entonces, ¿cuándo será posible mi ingreso? —pregunté, queriendo evitar un poco ese tema y guardarme mis preocupaciones para otro momento.

—Bueno, el dinero ya lo tenemos, así que eso es un problema menos —explicó, agarrando una hoja con un largo texto para leer—. Si tenemos en cuenta el viaje que tiene que hacer el mensaje para llegar a Romtus, que la carta llegue a las manos de la rectora de entre el mar que debe haber, que ella lo piense, que tome una decisión y que su respuesta llegue a nosotros… Sí, más de un mes si tenemos mala suerte.

Soltando un suspiro, me recliné sobre mi asiento. Viendo mi mano izquierda formándose en un puño, sonreí.

Eso es todo lo que necesito.

*

A partir de ese día, soporté el dolor de siquiera moverme para empezar a entrenar. Me adapté al sufrimiento que me infligía mi propio cuerpo con más rapidez de la que creí, reiniciando mis prácticas con espada y magia.

Mi esgrima había sido pulida a lo largo de los años para ayudarme a luchar contra cualquier enemigo y sobrevivir, pero mi fuerza seguía siendo inferior al de un potenciador en mi mismo nivel. Es por eso que siempre me centré en la velocidad, usando el impulso para aumentar el poder detrás de cada uno de mis ataques.

Mi magia del agua, por su parte, se había pulido tanto que era como una segunda naturaleza. Mi manejo sobre la misma me permitía evitar que el sudor provocase inconveniente en mi agarre y que no molestase mi visión al entrar en contacto con mis pestañas y ojos. Aunque no había logrado una gran destreza en el ámbito, era capaz de usar ciertas explosiones espontáneas de líquido para acelerar mis ataques a cambio de un gasto de qí excesivo.

Esgrima y magia me permitieron sobrevivir durante años. Crecieron juntas y se nutrieron mutuamente, por lo que eran mi arma preferida contra los peligros de Qíntico.

Esta vez, mi enemigo no sería uno solo ni tampoco sería completamente tangente. Tenía que sobrevivir a una academia donde los aristócratas pisotean a los plebeyos, donde los extranjeros son despreciados y donde el linaje en el que naciste determina casi por completo tus oportunidades en la vida, incluso más que en la Tierra.

En estas nuevas tierras alejadas de mi hogar, tenía que valerme por mí mismo. Metafórica y materialmente hablando, por lo que mejorar todo lo que podía era mi única opción para ganar el poder suficiente para evitar ser pisoteado bajo la marea entrante que era Romtus.

Así fue como pasé minutos, horas, días y semanas entrenando. Sin descanso más allá de las comidas y algunas reuniones triviales con mi familia, me centré tanto en la práctica que por un momento sentí que podría ganarle a cualquiera si usaba esa destreza cosechada. Aunque tonto, me dio esperanzas.

Entonces, un día como cualquier otro, mi vida diaria sufrió un abrupto cambio. Otra vez.

—¡Ya llegó! —gritó Ádellet en cuanto vio las cartas, llamando a que toda la familia se reuniese.

Aunque no hice mención, mi hermana mayor también iba a ingresar a la academia. Claro que no a Romtus, sino a la Universidad de Prácticas Arcanas (UPA). Para suerte de ella y envidia para mí, la institución estaba en la ciudad vecina, así que no tendría muchos problemas en visitar a Syndra, Agnar, Selina y Röskvi.

Siguiendo mi ejemplo, Ádellet había entrenado con incluso más ferocidad que yo. Haciendo honor a cómo la magia del fuego representa el poder, la energía y la voluntad, puso en práctica multitud de conjuros y hechizos para prepararse ante la misma dificultad social que tendría yo.

Ádellet ya se encontraba en el Reino de la Consolidación, así que de por sí era poderosa. Sumado a la increíble pureza de su qí que le permitía reducir los costes energéticos de su magia y a lo inteligente que era, estaba seguro de que no tendría tantos problemas como yo en la UPA.

Reprimiendo un suspiro, esperé a que todos estuviesen reunidos. Fue sólo entonces que abrí la primera carta, la cual pertenecía a la Universidad de Prácticas Arcanas.

Aceptada.

Haciendo caso omiso de los gritos llenos de felicidad del resto, me tragué todas mis preocupaciones. Con Syndra abrazándome para darme apoyo mientras Ádellet me ponía una mano sobre el hombro para darme seguridad, dejé atrás mis inquietudes para abrir mi carta.

Aceptada.

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