2024/02/25

Capítulo 31: Consecuencias presentes

En otras circunstancias, me sentiría… en paz, por así decirlo. Con el agua a mi alrededor, me podría sentir como uno con el líquido cristalino que me abrazaba. Era tranquilo estar nadando.

Sin embargo, tener a un kelpie queriendo devorar tu cabeza arruina bastante el ambiente, ¿saben? El monstruoso (literalmente) caballo de piel azul marina y facciones grotescas se alzaba sobre mí, tratando tanto de ahogarme como de comerme vivo.

Por desgracia para él, mi espada de oricalco seguía siendo bastante infalible en este tipo de ocasiones. Aunque su filo se había deteriorado desde mi «pelea» (que, en realidad, había sido una paliza unilateral sobre mí) contra Leigong y Yaara, permanecía como mi mejor armamento contra los peligros de Qíntico.

Manteniendo tanto aire dentro de mis pulmones como pude, usé magia del agua para acelerar los cortes horizontales sobre el kelpie. El caballo marino, bien conocido por su afán de hacerse pasar por un qüelio y ahogar a quien ose tocarlo, soltó lo que parecían una combinación de rugidos y chillidos mientras su estómago se abría, aumentando la ferocidad de sus ataques.

Encestando una estocada sobre su cuello, su energía fue desvaneciéndose hasta que sólo quedó un horrible y pesado cadáver que ahora se hundía junto a mí. Sacándolo de encima, nadé con ayuda de magia fuera del profundo y largo río que conectaba la capital de Zennug con la de Beshni.

Saliendo a la superficie, me acodé sobre una orilla arenosa. Escupí una buena bocanada de agua, aliviando mis pulmones, antes de tomar profundas cantidades de aire. Mi pecho se inflaba y desinflaba de forma irregular, mi cabello mojado pegándose a mi cara y molestándome.

—M-Mierda —murmuré, sacándome los pelos de los ojos y la boca antes de escupir un poco, sólo por si acaso—, eso estuvo cerca.

A decir verdad, había dudado bastante sobre tomar la misión o no. Después de todo, los kelpies no son tan peligrosos sólo por tener un excelente camuflaje que mezclaba lo biológico y lo mágico, sino porque eran increíblemente fuertes y veloces, cosa que aumentaba cuando estaban en el agua.

Sin embargo, acepté la misión por dos razones: primero, porque había estado demasiado tiempo sin trabajar debido a mi ansia de mejorar mi dominio sobre la sanguinomancia y terminé por descuidar mi acuerdo con Rakuth, quien advirtió sobre el tema a través de un contacto en una ciudad en la que había estado hace poco. Y segundo, pues… estaba frustrado.

No era sólo el hecho de que apenas mejoraba mi dominio sobre la hematomancia, sino porque estaba completamente estancado en el Reino Psíquico. Tan cerca de avanzar al Reino de la Cohesión, donde aumentaría mi poder de forma drástica, y me quedaba en un punto muerto.

Sumado a eso, estaba el hecho de que había perdido el brazo derecho desde el codo para abajo. Con mi mano diestra fuera de la ecuación y el simple motivo de perder algo de mi cuerpo, mi vida diaria se había vuelto difícil en cosas tan casuales como escribir. Y ni hablar de trabajar como mercenario.

Queriendo desahogarme, acepté la misión de matar al kelpie, el cual había estado atormentando un pueblo.

—Bastante infantil de mi parte —suspiré.

*

La Ciudad de Cravich, capital del Reino de Beshni, fue construida en la ladera soleada de una suave montaña y es verdaderamente un antiguo centro comercial. Su belleza se combina con el telón de fondo de una majestuosa montaña que ha ayudado a dar forma al lugar hasta lo que es hoy.

Los recursos comerciales que trajeron estas montañas fueron de gran importancia, pero también influyeron en los diseños arquitectónicos, ya que la gran mayoría de los edificios se construyeron con la forma de esas mismas montañas.

La educación está prosperando en Cravich y ha atraído mucha atención. Algunas nuevas culturas han dejado su huella no sólo en la educación, sino también en la identidad de la ciudad. Lo que históricamente fue una ciudad de gente corriente y sencilla se ha convertido en una fusión de todo y es esto lo que une a los habitantes hasta el día de hoy.

Es esta identidad multicultural la que realmente ha dejado su huella. Cientos de restaurantes étnicos, cafeterías y bares ofrecen una gran cantidad de opciones culinarias y aquellos que tengan hambre de algo más pueden disfrutar del teatro, el baile o uno de los muchos otros lugares recreativos.

—¿De qué parte del Inframundo saliste? —Por desgracia para mí, la imagen de Cravich se veía empañada por un idiota.

—Eso te pregunto a ti —gruñí, secando mi cabello manualmente debido a mi escasez de qí.

Luego de una larga caminata llena de reflexiones, maldiciones y divagaciones, llegué a Cravich. Aunque maravillado con la ciudad al igual que la primera vez, encontrarme con Jandrio había arruinado un poco la experiencia; el tipo a veces no sabe cerrar la boca.

Lo que me pareció curioso del Guerrero Errante fue su apariencia: a pesar de sus palabras, él parecía incluso en peores condiciones debido a su ropa maltrecha y cuerpo lleno de heridas leves. Su cabello estaba aún más despeinado que de costumbre y hasta sucia.

—Bueno, ser un mantenido no es mi modo de vida, ¿sabes? —Jandrio se cruzó de brazos y mostró una expresión casual—. Además, tenía que estirar un poco el cuerpo y qué mejor opción que un trabajo de la Liga Ilnak.

—En serio, a veces pareces un loco —suspiré, caminando hacia la posada donde nos hospedábamos a través de la multitud casi monstruosa de personas—. ¿No se supone que deberías estar con mamá y Ádel?

—Sí, justo me lo dice la tipa que fue a enfrentar a un kelpie por sí misma y cuando está estancada en…

Una mirada amenazante y Jandrio cerró la boca.

—Bueno, Syndra no parecía necesitar ayuda en nada —dijo, desviando el tema de conversación—. Creo que está preparando… ¿un pastel?

—Hey, ¿sabes que ese tipo de cosas es una sorpresa? —Medio suspiré y medio reí ante la idiotez de mi amigo.

—Bueno, en todo caso —dijo, rascándose un poco la nuca en lo que parecía una señal de vergüenza—, Ádel tampoco parecía necesitar ayuda. Si no recuerdo mal, dijo que iría al sur por una misión de la Liga Ilnak.

—Como sea —suspiré, cansado—, regresemos de una vez; sólo quiero comer y dormir.

—Tú siempre quieres comer y dormir —carcajeó Jandrio.

Sintiendo las comisuras de mis labios alzándose, también solté una risa. Por dramática que fuese mi situación, siempre podía contar con ese tipo de momentos donde una broma casual podía hacerme olvidar de mis preocupaciones… al menos momentáneamente.

Mi mirada se desvió hacia el brazo izquierdo de Jandrio. Mejor dicho, lo que quedaba de él; el muñón que conformaba parte del hombro había cicatrizado hace mucho, la camisa teniendo que tener un nudo para que la manga izquierda no fuese un estorbo.

Luego mi mirada se posó sobre mi brazo derecho. Viendo el espacio faltante donde debería estar mi antebrazo y mano, la sensación de que algo esencial faltaba hizo revolver mi estómago.

—¿Cómo… le haces? —pregunté, casi un susurro.

—¿A qué te…? —Jandrio alzó una ceja antes de abrir los ojos en señal de comprensión, dirigiendo su mirada hacia su muñón izquierdo y luego a mi brazo derecho, frunciendo ligeramente el ceño—. Bueno, es… incómodo, cuanto menos. Aún no termino de acostumbrarme y hay veces en las que trato de usarlo, dándome cuenta de inmediato de la realidad.

Con sus palabras, varios recuerdos salieron a flote: cuando quise abrir un frasco con mi mano faltante, cuando recién me despertaba y quise sacarme las legañas con mi muñeca desaparecida, cuando estaba bostezando y traté de tapar mi boca con mi palma ausente. En cada uno de esos momentos, siempre tuve la sensación de un hormigueo o entumecimiento antes del sentimiento de vacío en mi pecho.

—Pero bueno, no se puede estar triste todo el tiempo, ¿no? —Contrario a mis oscuros pensamientos, Jandrio soltó una risa suave—. En vez de quejarte, es mejor hacer algo por cambiarlo. Aunque comprarnos miembros artificiales esté fuera de nuestras capacidades monetarias, acostumbrarse sigue siendo una opción.

—Sí, supongo que tienes razón… —suspiré, irguiéndome al darme cuenta de que caminaba ligeramente encorvado—. Entonces, ¿sabes de qué era ese pastel que estaba haciendo mamá? Me dio hambre de sólo pensarlo.

Continuando con la charla de forma casual, recorrimos Cravich con velocidad. La multitud de personas era algo asfixiante, pero un par de miradas ocasionales y nuestra mera presencia que de por sí emanaba poder, sobre todo la de Jandrio, fueron suficiente para que nuestro paso fuese casi ininterrumpido.

La posada, por suerte, estaba vacía. Si no recordaba mal, la ciudad disfrutaría de un extenuante festival durante la noche, por lo que todos (o al menos la mayoría) estaban preparándose. Ahora que lo pienso, tiene sentido el porqué de que haya tanta gente afuera.

En el momento dado, Jandrio se fue de mi lado para irse a su habitación. Viéndolo entrar, no pude evitar preguntarme si tenía todo desordenado como la última vez.

Dejando a un lado mis divagaciones, abrí la puerta… o lo intenté, el muñón de mi brazo derecho ni siquiera rozando la manija. Mis ojos se entrecerraron de forma inconsciente y sentí un ligero retorcimiento en mi estómago, pero rápidamente dejé atrás mi inseguridad y entré a la habitación.

Debido a que todo era más caro dentro de una capital tanto en la Tierra como en Qíntico, una posada en Cravich cuesta más que en gran parte del resto de la nación. Aunque creo recordar que en el oeste es la zona donde más suben los precios de todo, pues se comparte frontera con el Dominio de Rujard, un país monárquico conocido como el segundo en tener mayor población monstruosa.

Bueno, creo que divagué demasiado. El punto es que la habitación donde dormíamos Syndra, Ádellet y yo fue lo más costoso que pagamos desde que pisamos Beshni. Incluso así, tengo que admitir que encontraba el lugar como más que agradable.

—Te ves pésima, querida —dijo una voz que mezclaba tanto la preocupación como una risita—, ¿no quieres bañarte primero?

—Cuando el estómago está en peligro, todo está permitido, excepto no saciar el hambre —declaré con tono exagerado, poniendo mi mano izquierda sobre mi pecho como un auténtico liberador de países.

—Ah, sí, supuse que él no podría mantener el secreto —dijo Syndra con una risita, sentada sobre el borde de su cama con un libro abierto en su regazo—. Pero tampoco te hagas ilusiones, muchacha; nadie comerá hasta que todos estemos reunidos y limpios.

—Sí, sí, lo que digas. —Sacando la lengua como un niño enojado, con una sonrisa delatando mis verdaderos sentimientos, me dirigí hacia un bolso mío para buscar ropa.

*

Alrededor de una hora después, todos estábamos reunidos en la habitación. Incluso Jandrio, quien ahora se veía como una persona civilizada; una camisa blanca, pantalones negros y botas lo hacían ver hasta atractivo.

Ádellet, por su parte, había llegado peor que él debido a su misión de la Liga Ilnak. Según ella, tuvo que matar a un cerbero, un monstruo cánido de tres cabezas y de extrema peligrosidad, que había escapado de Rujard. Gracias a que era joven y había pasado, supuestamente, días viajando sin parar mientras era perseguido, mi hermana había logrado asesinarlo.

Luego de un baño, su cabello negro estaba amarrado hacia atrás que resultaba sus ojos turquesas con profundas ojeras al igual que yo. Vestía una camiseta de tirantes gris, pantalones negros y pantuflas. Ni se te ocurra mirar, bastardo, pensé mientras le daba una observación peligrosa a Jandrio.

Yo, por mi parte, vestía una blusa holgadas, pantalones de lino y pantuflas. A diferencia de mi hermana, mi calzado hogareño había sufrido bastante más y estaba en sus últimos momentos. Nah, todavía aguanta.

Syndra soltó una risita al mirar mis pantuflas, provocándome una ligera vergüenza. Mi madre vestía una camisa simple con una cómoda falda, aunque su calzado era inexistente debido a un problema con unos qüelios escurridizos que tuvimos antes de llegar a Cravich. Sí, en vez de gastar en mí, te compraré algo, mamá.

—Feliz cumpleaños número diez, querida —dijo con una suave sonrisa, sosteniendo un pequeño y simple pastel de chocolate—. Aunque no tengamos el dinero para hacer algo más grandiosos, hice lo mejor posible. Espero que lo disfruten.

—Mientras los tenga a ustedes, no importa qué coma en mi cumpleaños —dije, esbozando una sonrisa cálida—. Je, aunque admito que no hubiera estado mal algo más…. ¡Ack!

Recibiendo un golpecito en la nuca, me sobresalté por la sorpresa ante de voltear mi mirada hacia mi derecha. Aunque trató de darme una mirada severa, las comisuras de los labios de Ádellet se elevaron en una agradable sonrisa.

—Bueno, ¡a comer! —declaré, ansioso por saciar mi hambre.

Soltando una risita, Syndra partió el pastel en una porción para cada uno. Cuando fue mi turno de agarrar el plato con la ración de delicioso chocolate, volví a cometer la equivocación de querer usar mi mano derecha. Sintiendo que mi estómago se revolvía, traté de ignorar la sensación de hormigueo y entumecimiento en el muñón mientras agarraba mi parte de la comida.

A pesar de lo exquisito que era el pastel para mi cuerpo tan desvinculado con la dulzura desde la destrucción de Dírdin, no pude evitar el hecho de que la falta de mi antebrazo y mano derechos pesaba sobre mí. 

Consecuencias, concluí de forma sombría, siempre las hay. Pero esta vez fueron de algo que no tuvo control sobre mí, al menos en parte, ya que pude haber evitado mi segundo encuentro con Leigong si tan sólo intentaba mantener la mente fría.

Cerrando los ojos, tanto para concentrarme en el sabor del pastel como para pensar bien, solté un ligero suspiro.

Supongo que sólo queda disfrutar de lo que tengo… O de lo que me queda, mejor dicho.

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