La «sanguinomancia», «hematomancia», «magia de sangre» y «magia sangrienta» son términos que designan a la submagia del agua que manipula la sangre, siendo la primera palabra la denominación más popular. Sus practicantes son conocidos como «sanguinomantes», «hematomantes», «magos de sangre» y «magos sangrientos». Hay multitud de otras designaciones dependiendo del país y región, pero eso no es importante.
La sanguinomancia, a lo largo de la historia, a sido un arte extremadamente raro que hasta se considera un mito en algunos lugares. En ciertas culturas se le ve como una práctica maldita, aunque no está muy extendido.
La razón de que sea tan inusual, casi sacado de una leyenda, ver a un sanguinomante es debido a la nula información que se tiene sobre los fundamentos de esa submagia. Muchos han querido aprender a manipular su propia sangre y la de otros, pero los experimentos siempre terminan con dos opciones: ningún éxito o resultados desastrosos.
Los pocos magos sangrientos que se conocen ocultaron y siguen ocultando el cómo realizan sus prácticas, convirtiendo a la hematomancia en un arte que puede sorprender hasta al más sabio. Si un sanguinomante aparece en el campo de batalla, sus poderes son difíciles de contrarrestar al principio o se ven con miedo entre los enemigos. Si se usa como ataque sorpresa, el impacto mental suele ser significativamente mayor.
¿Cómo es que lo hice?, me pregunté, cerrando el costoso libro que había conseguido en Wextrom.
Ya había pasado una semana desde que dejé la capital de Zennug y mi cuerpo estaba en mejores condiciones, aunque aún quedaban vestigios de espasmos y dolores repentinos. El abuso de qí había emblanquecido mi cabello, pero por suerte el efecto no sería permanente debido a que las raíces estaban intactas y ya empezaba a tomar el color castaño natural.
Las vendas aún eran necesarias en ciertas zonas como los gemelos y partes de los muslos, mientras que mi brazo derecho ya había cicatrizado. La regeneración es una práctica extremadamente costosa en qí y dinero, pues se necesita un mínimo de dos sanadores talentosos para ello y un suministro constante de alimentos para que el drenaje de nutrientes no mate al paciente. Por ahora, quedaría sin antebrazo y mano hasta conseguir un reemplazo artificial.
Syndra y Ádellet ya habían curado por completo, pero las horribles cicatrices se mantuvieron. Jandrio, en cambio, tenía el mismo problema que yo con la extremidad perdida, pero por el resto estaba en perfectas condiciones.
Sin embargo, a pesar de ya haber pasado un tiempo significativo desde lo sucedido y ya estar viajando de nuevo hacia Irlad, la curiosidad y estupefacción aún pesaban en mi mente.
Desde entonces, he estado practicando la sanguinomancia con pequeñas cantidades de mi sangre. Cortarme y derramar ese líquido no es muy apetecible que digamos, pero no podía sacarme de la cabeza el porqué y el cómo de que había logrado usar hematomancia contra Leigong.
Si sigo así, tarde o temprano me dará anemia, suspiré para mis adentros.
En la madrugada, cerca de cumplir los diez días desde que dejamos Wextrom; Syndra leía un libro de cocina mientras que Ádellet y Jandrio estaban afuera en misiones diferentes de la Liga Ilnak.
Sentado con las piernas cruzadas, me encontraba en el piso. Frente a mí, había un pequeño frasco de vidrio con sangre fresca. Mía, para ser exactos.
Como era usual, abrí el frasco e introduje el dedo índice para tocar la sangre. Para evitar fugas innecesarias de qí, imbuiría la energía mágica directamente para producir un resultado más rápido y eficaz. Es una técnica de aprendizaje común entre los magos.
Imbuí una cantidad significativa de qí, imaginando que la sangre cubriese mi dedo y se solidificase parcialmente como una especie de túnica. Y, como siempre, los resultados fueron casi tan escasos y dolorosos para mi orgullo como siempre.
Casi.
—Se movió más que ayer, por lo menos —suspiré, tratando de ver el lado bueno de la situación—. ¿Qué tan complicado se supone que es esto como para tener resultados tan lastimeros a pesar de mi esfuerzo? Con la magia del agua es mucho más fácil….
Mi teoría era que se debía a que el agua es un líquido menos complejo, mientras que la sangre es un tejido. Esto debería suponer un cambio significativo en el procedimiento, complicando todo.
Esto ya me está hartando, pensé, así que probemos cualquier otra cosa. Después de todo, si nunca lo intento jamás sabré si funciona o no. Haber, veamos…
La magia del agua, cuando se trata de manipular y no de crear, tiene un fundamento sólido: si quieres tomar control de un líquido, imbuyes el qí para hacerlo desde dentro hacia afuera. Esto es fácil debido a que el agua es una sustancia simple, como ya he dicho.
Pero la sangre es lo contrario: compleja y con una estructura más pegajosa, pensé mientras sonreía. Entonces, imbuir el qí debe ser demasiado complicado y seguramente se desperdicie mucho. Quizá, si hago algo que sea lo opuesto…
Hice fluir el qí, pero no para introducirlo en la sangre. En vez de ello, la cubrí como si fuese un manto, condensando la energía mágica; ni muy poco para que sea débil ni muy fuerte para usar más de lo necesario.
En ese momento, la pequeña sonrisa en mi rostro se extendió.
—¡Lo logré!
La sangre se movía a mi antojo, cubriendo mi dedo y luego mi mano. Debido a que el qí la cubría como un manto, el líquido rojo no era pegajoso al estar aislado del ambiente. Esto también significaría que no podría secarse, siempre y cuando la tuviera bajo mi control, claro está.
—¡Felicidades, cariño! —exclamó Syndra con una sonrisa—. Debo admitir que me sorprende que lo hayas logrado en tan poco tiempo a pesar de que es una submagia tan desconocida. ¡Ay, mi niña es una genio!
Estaba tan extasiado con mis resultados tan maravillosos que al instante quise replicar lo que hice contra Leigong, por lo que cambié la forma de la sangre. La condensé hasta volverla una daga del tamaño de un lápiz, disparándola a una pared cercana con poca potencia para no romper algo.
Lo que pronto denominé como «Disparo Sangriento» se estrelló contra la pared y dejó una mancha significativa. El conjuro gastaba una cantidad similar que un Disparo Fluvial (su equivalente), así que me sobraba bastante qí.
Cinco minutos para reunir la sangre para guardarla en el frasco y limpiar la pared después, me encontraba sentado sobre mi cama, absorto con las nuevas posibilidades que implicaba mi nuevo dominio mágico.
Este avance significa un enorme potencial, pensé. La sanguinomancia es un poder desconocido y puede generar un fuerte impacto en mis enemigos, quienes no podrán predecirlo y estarán lo suficientemente confundidos como para volverse presas fáciles. También podría desarrollar una forma de manipular la sangre de mis oponentes incluso si no hay heridas.
Sin embargo, a pesar de todo mi entusiasmo, no podía dejar pasar lo negativo de la situación.
Lo malo es que, por ahora, sólo puedo usar sangre fuera del cuerpo, concluí con cierto pesimismo. No puedo crear sangre con mi qí debido a que la magia del agua se centra en la creación y manipulación del agua en sus diversas formas. Tampoco es que pueda hacerme una herida en medio del combate y usar mi propia sangre, ya que eso me desgastaría y tendría que recurrir a un método tan peligroso sólo como último recurso.
Suspiré, recostándome sobre la cama con los brazos y piernas completamente extendidos.
Ah, tanto pensar ya me dio hambre.
*
Media hora después, en el comedor de la posada. Con Ádellet y Jandrio de regreso, todos pedimos algo para comer.
—¿Ves? —dijo Jandrio tras un bocado de hamburguesa, o al menos el equivalente de una—. Te dije que algo bueno sacamos de eso.
—Aún siento que fue un poco insensible de tu parte —me quejé tras masticar y probar la delicia de un platillo que combinaba patatas asadas con queso derretido y otros ingredientes que desconocía—. Pudiste haberlo dicho después y no cuando me encontraba en una situación tan lamentable.
—Eh —dijo Jandrio con una sonrisa, medio encogiéndose de hombros y medio alzando las manos—, es mejor apreciar lo bueno que lamentarse con lo malo. ¿O es que querías seguir…? ¡Hey!
Estaba seguro de que quería decir «llorando», pero Ádellet lo interrumpió al golpearlo en la nuca con no poca fuerza, precisamente. Antes de que me hubiese dado cuenta, ambos habían entablado una amistad.
—Dejando eso de lado —dije—, ¿qué piensan sobre el tema?
—¿En qué sentido? —preguntó Syndra.
—¿Les causa desagrado o repulsión?
Aunque no me gustaba admitirlo debido a que sabía que no les importaría, en el fondo tenía algo de miedo sobre lo que pensarían al respecto. Después de todo, no me agradaba la idea de que tuviesen una mentalidad diferente a la mía y que deseasen que no utilizara la sanguinomancia, desperdiciando un poder valioso.
—A decir verdad, no me importa —dijo Jandrio, encogiéndose de hombros.
—Mientras que no les hagas daños a inocentes… pues no —argumentó Syndra.
—Lo mismo que mamá —dijo Ádellet, levantando el pulgar derecho en señal de aprobación.
—Entonces, queda decidido —suspiré con alivio—. A partir de hoy, empezaré a practicar para pulir mi dominio. Como siempre, de hecho.

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