Una mujer de pelo castaño oscuro y ojos escarlatas me miraba de cerca, pareciendo estar en sus treintas. Si sonrisa era radiante, similar al de una madre con su hijo, mientras me decía palabras inentendibles en un idioma desconocido.
Mis pensamientos estaban desorganizados, mis lágrimas dejaron de fluir en cuanto me di cuenta de lo rara que era la situación. Traté de preguntar qué carajo estaba pasando, pero de mi boca sólo salieron sonidos de… ¿bebé?
Sentía que mi peso se había reducido demasiado, mi tamaño era mucho menos de la mitad. No, imposible, pensé cuando una idea se empezó a formar en mi mente. No podía haber reencarnado, ¿verdad?
Miré a mi alrededor y vi a otras dos personas: un hombre y una adolescente. El primero parecía estar en sus treintas, con pelo negro y ojos marrones, vistiendo ropa medieval. La otra, en cambio, seguramente tuviese cerca de quince años, teniendo el mismo color de pelo que el tipo y unos ojos turquesa, su cuerpo siendo atlético, como si hubiese estado yendo al gimnasio toda su vida.
Las miradas de todos eran expectantes, por lo que pude notar. La mujer que me estaba sosteniendo tenía demasiado sudor en la frente y pude notar manchas de sangre y orina en la camilla. Ahora que lo noto, estoy en algo similar a una clínica bastante primitiva.
El tacto cálido de la mujer me embriagó un poco, su expresión me recordaba a mi mamá. La misma de la que tantos años me aproveché, ignorando sus sentimientos y tomando sin dar. Volver a tener este sentimiento típico entre madre-hijo era lindo, sin lugar a dudas.
Pero la situación era DEMASIADO rara; no pude ignorar por mucho tiempo lo que sucedía.
¿Reencarné?, me pregunté. Sí, es lo más probable. No leí muchas historias de fantasía, pero sé suficiente como darme cuenta de algo tan obvio. Entonces, ¿la luz que se ve cuando se muere es…? No, eso no es lo importante.
Volví a ver la habitación. Era poco lujosa, hecha mayormente de madera y con una única puerta. Había una ventana que daba a una calle poco transitada, la cual estaba sin pavimentar y tenía bastantes casas… ¿medievales?
Bien, esto parece la Edad Media, concluí. Lo malo es que todo es muy primitivo y existe la enorme posibilidad de estar en pobreza absoluta. Quiero creer que mis nuevos padres tienen la suficiente estabilidad económica para mantenerlos.
Pero había algo mucho mejor en todo esto: una segunda oportunidad. Una nueva posibilidad de ser mejor, una vida donde dejar de cometer los mismos errores una y otra vez. Comenzar desde cero, literalmente.
Entonces, me hice una promesa.
Una nueva vida, una en la que no daré la espalda a mi familia. Una en la que no voy a auto despreciarme una y otra vez. Esta vez sería… No, SERÁ diferente. Voy a forjar una estrecha relación con mi nueva mamá, mi nuevo papá, mi nueva hermana y todo familiar que tenga.
No dejaré que mis errores pasados vuelvan a ocurrir. Bruno Ezin murió y, con él, todas sus equivocaciones. Ya he hecho demasiado mal hacia mi entorno y hacia mí mismo como para no haber aprendido algo.
Al final, la muerte fue lo mejor que me ocurrió.
*
Un mes después, tenía las cosas más claras sobre este nuevo mundo.
Las ganas de drogarme o ver porno resurgían de vez en cuando, lo común sabiendo lo acostumbrado que estaba a la asquerosa vida moderna que experimenté en la Tierra. Pero logré sacar esas ideas de mi cabeza tan pronto como recordé las consecuencias: la adicción, la exclusión y el mal estado de salud.
Dejando eso de lado, tuve un descubrimiento… impactante, cuanto menos. No sé si sea o muy bueno o muy malo, pero enterarme que renací como mujer no fue la mejor de las noticias.
En serio, ¿por qué? En todas las historias de reencarnación que leí, ¡nunca pasó algo como esto! ¡Es malditamente raro!
Mi nuevo cuerpo era escuálido, con pelo castaño y ojos escarlatas. Mis facciones eran similares a las de mi nueva mamá, mientras que las de mi hermana mayor eran parecidas a las de mi nuevo papá. El cambio de sexo supone tanto ventajas como desventajas:
Ventajas: Si me desarrollo bien, puedo usar mis cualidades femeninas para facilitar algunas interacciones sociales. Podría, entre otras cosas, bajar un poco el precio de algo si logro atraer a un tipo muy simple.
Desventajas: Mi cuerpo seguramente sea bastante débil, por lo que luchar se me complicaría más de lo necesario. Si mis cualidades femeninas llegan a ser grandes, podría atraer atención asquerosa o hasta volverme el objetivo de intenciones sucias. También estaba el hecho de la molesta menstruación, aunque no sé si en este mundo existirá.
Dejando de lado eso, el idioma es malditamente difícil. Parece una combinación entre japonés, inglés y árabe. Inentendible, para ir al grano.
El nuevo mundo, en general, también tiene sus peculiaridades. Los colores naturales del pelo y ojos tienen muchas más variaciones. El color blanco parece predominar en la piel, ya que vi a poquísimos negros y morenos, la mayoría siendo gente del exterior.
El sol es carmesí y la luna es azul, además de que hay constelaciones… peculiares, cuanto menos. Después de todo, dudo que existan las de espadas y monstruos seguramente marinos en la Tierra.
Al parecer, vivo en un pueblo rodeado por un denso bosque. La mayoría de casas son cabañas a excepción de un edificio de piedra y lo que parecía una escuela, según la cantidad de nenes que entraban y salían. También había lo que seguramente fuese un hospital bastante simple, donde trabaja mi nueva mamá.
El pueblo era protegido por guardias armados con espadas, arcos y escudos. El equipamiento era bastante pobre a simple vista, aunque se veían más que capaces.
Entre los guardias está mi nuevo papá, quien parece el líder y, por ende, el más experimentado. Gracias a que mi casa, una cabaña, estaba cerca de la entrada, pude verlo trabajando unas cuantas veces. Hubo ocasiones donde se tropezaba o simplemente se distraía con pequeñeces, haciendo gracioso verlo. Sí que debe ser tranquilo este lugar.
Y, durante uno de esos días de rutina, hice el descubrimiento más importante.
¿Mm?, pensé mientras, a través de una ventana sin vidrio (pero con persianas), veía cómo una carreta era detenida por los guardias.
Mi nuevo padre le dijo algunas cosas al hombre que manejaba, quien se veía nervioso. No se necesitaba más de una mirada para saber que podría ser un criminal. Y, haciendo honor a su profesión tan odiada, sacó un cuchillo para apuñalar a mi progenitor.
Mi pecho se apretó y, por un momento, en verdad creí que podría morir. Pero todo miedo se disipó al instante en cuanto presenció algo fascinante.
Mi nuevo padre agarró el cuchillo con la mano desnuda, destrozándola antes de agarrar al hombre por el cuello. Era simplemente algo sobrehumano y que creaba una tremenda sensación de maravilla en mí.
¡Increíble!, pensé. ¡¿Eso fue algún tipo de magia?! ¿Será que en este mundo existe algo así como magos marciales? ¡¿En qué tipo de historia xianxia me metí?!
Tiempo después, mis dudas serían resueltas.
*
Varios meses tras cumplir mi primer año en este mundo, logré una variedad decente de cosas.
Primero, aprendí el idioma a través de ardua práctica. Con ello, ahora sé los nombres de mi familia: Vruwyn, el de mi padre; Syndra, el de mi madre; Ádellet (aunque le gusta que le digan Ádel), el de mi hermana; Teressia, el mío. Todos compartimos el apellido Górmot, un hecho que no nos convierte en aristócratas para mi desgracia económica.
En serio, aún no puedo acostumbrarme a saber que soy una mujer ahora, suspiré para mis adentros. Bueno, al menos tengo un nombre lindo. Mínimo.
Dejando de lado mi sutil pero presente dilema, el nombre de este nuevo mundo es «Qíntico». Al parecer, la etimología viene de cómo la mayoría de pueblos aborígenes creían que el planeta estaba hecho de «qí», una energía mágica presente en el ambiente y las personas, aunque en estos últimos permanece inerte y sin manifestarse.
En Qíntico, los magos son individuos con un flujo de qí activo dentro de sus cuerpos, el cual circula a través de los meridianos, un sistema circulatorio. Esto les permite manifestar efectos preternaturales al mezclar el qí interno con el externo, al menos en el caso de los llamados «emisores».
En el nuevo mundo, los magos una vez fuero únicamente personas que entrenaban, en exclusivo, sus mentes y meridianos para materializar la magia hacia el exterior. Pero, luego de varios milenios, todo cambió cuando aparecieron los «potenciadores».
Surgieron como una anomalía, siendo vistos, al principio, como inferiores. Comparten casi las mismas características iniciales que los emisores, pues sus meridianos son mucho más fuertes y tienen una forma diferente de manifestar la magia; en vez de mezclar el qí interno con el externo para crear efectos en el ambiente, se fortalecen a ellos mismos al condensar la energía mágica.
Al parecer, esto pasa por un defecto genético que, para sorpresa de todos, tiene unos beneficios enormes. Aunque pueden generar efectos externos siguiendo los principios de los emisores, sus conjuros tienen un rango muy bajo y son incapaces de realizar magias complejas. Todo esto lo compensan con un desarrollo físico que supera todo lo humano, con hazañas de fuerza y velocidad que rozan lo divino en los casos más extremos.
Los magos se desarrollan a través de «reinos mágicos», cada uno representando una etapa de desarrollo mágico y/o físico. La típica cultivación de las novelas xianxia, básicamente.
Emisores: Reino Principiante, Reino de los Cimientos, Reino Constructivo, Reino de la Consolidación, Reino de la Veteranía, Reino Apoteósico, Reino de la Eminencia y Reino de la Trascendencia.
Potenciadores: Reino Sólido, Reino Naciente, Reino Psíquico, Reino de la Cohesión, Reino de la Alta Maestría, Reino de la Purificación, Reino de la Prominencia y Reino de la Supremacía.
Mi nuevo padre, Vruwyn, estaba en el Reino de la Cohesión, donde el qí se une para crear un «dantian», una especie de alter ego en miniatura que mejora la energía mágica. Para sus 36 años, podría considerárselo casi un prodigio.
La magia se considera un arte genético, dependiendo casi puramente de si una persona tuvo ascendencia mágica. Existían casos donde la gente despertaba sus poderes luego de sucesos peculiares o sólo por el tiempo, pero no era la norma.
Y, al parecer, yo podría tener ese don genético.

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