2024/02/25

Capítulo 33: Noche turbulenta

Viendo a mi alrededor, no pude evitar comparar (con cierta melancolía) mi entorno con la Noche del Ei’íni en Dírdin.

Las amplias calles empedradas estaban adornadas con antorchas parpadeantes y coloridas banderas que ondeaban al viento. La música alegre y los sonidos de la gente animada llenaban el aire, creando una atmósfera de celebración.

La plaza central de la ciudad se convirtió en el epicentro del festival, donde se erigieron puestos llenos de deliciosos manjares y exquisitas bebidas que hacían agua la boca. Los aromas tentadores de pan recién horneado, carne asada y especias exóticas se mezclaron en el aire, invitando a los visitantes a probar los sabores de la época, tanto de la región como de otros lugares.

La plaza estaba aún más llena de vida y actividad que durante el día. Juglares y artistas callejeros entretenían a la multitud con sus acrobacias, malabares y espectáculos de fuego. Gente vestida con trajes de todo tipo (en cuanto al sentido étnico se refiere) paseaba por las calles, creando una imagen pintoresca.

En un rincón de la plaza, se llevaba a cabo un torneo de espadachines y caballeros. Jinetes hábiles montan sus imponentes corceles, exhibiendo su destreza con la lanza y la espada; gente humilde con armas de baja calidad que hacían uso de todo su ser para compensar los orígenes pobres. El sonido del acero chocando contra el acero y los gritos de ánimo de la multitud creaban un ambiente emocionante y lleno de adrenalina.

—Genial —murmuró Ádellet, tan sorprendida como yo.

Luego de encontrar a Syndra y Jandrio, el Guerrero Errante habiendo pedido consejos de vestimenta a mi madre, todos nos preparamos lo mejor que pudimos. Debido a que era el primer festival al que asistíamos después de tanto tiempo, queríamos parecer lo más presentables posible.

Sumado a eso (y teniendo aún más peso de importancia), estaba el hecho de que Gaelin era quien organizaba el festival este año. Mientras nos preparábamos para el mismo, el barón nos había visitado para hablarnos de mi participación en la festividad como una guerrera casi de leyenda. Para resumir, quería que actuara como el foco de atención.

—Bueno, prefiero empezar por lo difícil —dije, tronando mi cuello, antes de dirigirme más directamente a mis allegados—, así que iré a desafiar a unos tipos imponentes. Por mientras, quisiera que disfruten sin mí el festival, ¿okey?

—No sin antes asegurarme que no te pondrás cerca de las manos de Xadon otra vez, jovencita —dijo Syndra con tono preocupado, mencionando al actual Dios de la Muerte. 

Al parecer, Grak’nulum (el mismo de Crónicas de un santo no tan santo) había caído en la locura tras luchar contra el avatar de Krok’zux la Abominación Reptante, siendo asesinado por Xadon, su hijo, antes de que fuese una amenaza. Creo recordar que hubo algún tipo de fallo con algo relacionado a la muerte durante ese momento, pero eso es historia de otro día.

—Esta vez no tenemos a un tipo que maneja los rayos como un dios ni un ejército de bastardos norteños, así que no te preocupes —dije, aunque pude notar cómo Syndra no parecía muy convencida—. Vamos, mamá, sabes que no iría a morir cuando estamos tan cerca de llegar a Irlad.

—Sí, pero… —Syndra quiso decir algo más, pero se calló en el momento en que la mano de Ádellet la agarró suavemente por el hombro.

—Teressia es fuerte, mamá —dijo ella con dulzura—. Ya la viste luchando varias veces y lo sabes. Tampoco es que los dirigentes del festival la dejen morir, ¿no? De seguro hay algún tipo de magia protectora como en Vastrem.

Syndra quedó en silencio unos momentos, con mirada pensativa, antes de soltar un suspiro reacio y asentir. Le di una sonrisa cálida y llena de seguridad antes de marcharme hacia al rincón de la plaza donde se realizaban los desafíos de guerreros.

Por primera vez en mucho tiempo, me di el tiempo de ver las reacciones de la gente a mi alrededor con detenimiento. Gracias a mi rápida observación, pude notar lo mismo que cuando estaba con Gaelin: las personas me miraban con sorpresa y admiración, muchos expectantes cuando me vieron acercarme al amplio cuadrilátero donde en ese momento luchaban dos hombres barbudos.

No tuve mucho tiempo para prepararme mentalmente (pues aún seguía algo nervioso de batallar frente a tantas personas), uno de los guerreros cayendo inconsciente cuando una espada le golpeó la frente y una barrera mágica se activó, evitando el daño mortífero. El impacto parecía no estar dentro de la lista de cosas de las que proteger a los participantes, pero no podía importarme menos debido a los eventos mucho peores a los que me enfrenté antes.

Bien, es hora de mostrarles quién manda, pensé para reunirme de valentía mientras subía al cuadrilátero tras un pequeño momento de tranquilidad.

Mi contrincante era un hombre bastante mayor, de rasgos afilados y barba espesa. Su cabello estaba cortado por los costados y amarrado hacia atrás, lo que me hizo identificarlo inmediatamente como alguien originario del Imperio krazdakiano, en el extremo suroeste de Dinrat. La práctica de usar ese tipo de peinado era común entre los guerreros tan del país, quienes son conocidos por su ferocidad semejante al de los vikingos.

A diferencia de mí (que llevaba un equipamiento ligero que facilitaba la agilidad), el krazdakiano portaba una pesada armadura que lo hacía ver como un gran oso acorazado. Su hacha de doble filo no hacía más que acentuar la comparación con los vikingos que tenía con el imperio del que él era originario.

—Un gusto conocerla, Filo Glacial —dijo, presentando un notable acento que se asemejaba a algunos provincianos de mi país de origen en la Tierra. Sin embargo, a pesar de la imagen pueblerina que daba, su tono se escuchaba cortés—. Mi nombre es Trygg, hijo de Lodmund.

—El placer es mío —dije, dando una ligera reverencia. El tipo parecía agradable y no desaprovecharía la ocasión para mostrarle un poco de respeto, pues era casi seguro que nunca lo volvería a ver—. ¿Qué haces en tierras lejanas, Trygg? Aunque sé que los krazdakianos se movían con regularidad en el pasado, no es una práctica muy común en la actualidad.

—El Ejército no es lo mío —respondió Trygg con una carcajada—. Son demasiado estrictos hoy en día. ¡Siempre con eso de «nada de mujeres hasta la victoria»! Pero sé que hablar de eso con una dama no es apropiado, ¡así que empecemos de una buena vez!

—¡Bien dicho! —El tipo me cayó bien, así que respondí su entusiasmo con aún más.

Desenvainando mi espada de oricalco con un movimiento rápido y fluido, lancé un tajo diagonal mientras usaba el impulso que proporcionaba mi cuerpo sobrehumano para esquivar el hachazo de Trygg. El krazdakiano sí que se movía rápido a pesar de llevar varios kilos encima, tanto de su armadura como de su propio organismo.

Mi precisión falló un poco, pero logré cortar su axila izquierda. Lo comprobé gracias a la sangre que ahora chorreaba y a un grito ahogado de forma casi perfecta, aunque no lo suficiente para mi audición mejorada.

—Ah, ¡muy buen golpe! —carcajeó Trygg, desafiando mis expectativas sobre su dolor, mientras se daba vuelta para lanzar un hachazo horizontal.

Mientras esquivaba, pude notar cómo su cuerpo resplandecía con un brillo azul pálido con manchas oscuras. Está casi a mi nivel, pero no lo suficiente, pensé con una sonrisa a la vez que hundía mi espada en su vientre bajo, justo donde las partes de la armadura dejaban un espacio desprotegido.

Mi arma, reforzada por mi flujo marcial, superó las defensas mágicas de mi oponente y obligó a la sangre a salir a borbotones. Trygg se inclinó un poco, soltando un grito de dolor apenas ahogado. Y, a pesar del sufrimiento que debería estar pasando, se ganó mi admiración cuando logró sobreponerse a la agonía y lanzar un hachazo hacia mi espalda ahora desprotegida.

Retirando mi espada de su viente bajo, dio un pisotón reforzado que creó un pequeño hundimiento en el cuadrilátero a la vez que me impulsaba hacia atrás. El hacha de Trygg perforó el ring, mas no mi cuerpo, lo que provocó que más sangre saliera de sus heridas debido a la presión que ejercía sobre su organismo.

Sin dejarle tiempo para reaccionar, aceleré con todo lo que pude para encestar un ataque letal. Mi esgrima, perfeccionada a través de los años, era lo suficientemente pulida como para enfrentar sin problemas a un caballero de bajo rango (al menos eso dijeron varias personas, entre ellas Jandrio), por lo que los movimientos de mi espada fueron tan fluidos y rápidos que debieron parecer un borrón antes de entrar en contacto con el yelmo ahora cerrado de Trygg.

El casco se hizo trizas y pude ver una fina línea de sangre salir de entre su cabello antes de que un campo de energía envolviera al krazdakiano. Cayó de rodillas, poniendo la mano izquierda sobre el cuadrilátero y la derecha sobre la empuñadura de su hacha, respirando pesada y entrecortadamente mientras se acercaban varios sanadores.

—Muy… bien —dijo, ganándose más aún mi admiración cuando recobró con rapidez su compostura mientras la magia cerraba sus heridas. Cuando los sanadores se alejaron lo suficiente para darle su espacio, se levantó como si nada y se limpió el sudor de la frente—. Sí, muy bien hecho. Eres una guerrera extraordinaria, Filo Glacial.

—Puedes llamarme sólo Teressia —dije con una sonrisa, poniendo gran parte del peso de mi cuerpo sobre mi mano izquierda, la cual ahora presionaba sobre la empuñadura de mi espada envainada de forma ligeramente perezosa—. Te ganaste mi respeto, Trygg. Eres muy tenaz para ser tan gordo.

—¡Ja, si supieras que eso significa tener hombría en mi nación! —carcajeó de buena gana el krazdakiano.

—De todos modos, tienes que pulir el cómo manejas el flujo marcial —aconsejé con una risita mal contenida debido a sus palabras—. Aunque la concentración de qí es efectiva, dejas muy expuesto el resto de tu cuerpo.

—Mm, muy sabia —murmuró Trygg, mostrando una mirada pensativa mientras acariciaba su barba—. Gracias por la batalla, Teressia.

—Igualmente.

Luego de ver a Trygg marcharse del cuadrilátero, a la lucha le siguieron seis más. Me gustó bastante escuchar cómo la gente aclamaba mis movimientos (cosa que también pasó en mi batalla contra el krazdakiano, pero que no presté atención debido a lo enfocado que estaba), aunque el cansancio que llegaba tras cada enfrentamiento adormecía mi entusiasmo al respecto. Incluso así, era agradable.

Llegado un momento que no presencié, Syndra, Ádellet y Jandrio empezaron a ver cómo luchaba. Por alguna razón que, a pesar de todo, me parecía correcta, Trygg estaba con ellos. El tipo se metía tanto alcohol que fácilmente podría beberse toda una taberna, charlando ocasional y enérgicamente con mis allegados, quienes se veían cómodos con él de forma sorpresiva.

Con madre, hermana, amigo y alguien a quien respetaba apoyándome entre gritos, las batallas fueron mucho más fluidas. Antes de darme cuenta, mi cuerpo estaba adormecido por el cansancio y mis siguientes seis oponentes habían sido derrotados. 

La gente aclamaba mi victoria, gritando un nombre y apodo que nunca pensé que escucharía con tanta mezcla de emociones positivas. Una sonrisa inconsciente tiró de las comisuras de mis labios, mi corazón latiendo con ferocidad debido al éxtasis.

—¡Un trago por Teressia! —gritó Trygg repentinamente, alzando su tarro y recibiendo la aceptación de muchos de los presentes.

Beber, ¿eh? ¡Suena bien!

Aunque noté la negatividad de Syndra al respecto, le aseguré con una mirada significativa que todo estaría bien. Después de todo, si me dejaba luchar contra todo oponente en nuestro viaje, ¿qué haría de mal un par de tragos? Incluso así, tuve que hablar con ella para permitirle vigilarme en caso de algún posible inconveniente.

Dirigido por Trygg, me uní al grupo de personas urgentes de alcohol. Para mi sorpresa, Ádellet y Jandrio me siguieron para afiliarse a la causa. Les mostré una sonrisa cómplice que fue reflejada de igual manera.

Sentados alrededor de una larga mesa, no tuve que esperar mucho para que me llegara un tarro lleno hasta el tope. Aunque me puse algo indeciso por un segundo, desvié mis preocupaciones hacia un rincón alejado de mi mente antes de dar un trago lento y breve.

Luego de eso… Bueno, mi autocontrol desapareció más rápido de lo que me gusta admitir.

Con el sonido de tambores, la música de parte de cantantes oficiales del festival llenó el ambiente junto a las múltiples conversaciones. Los gritos que mezclaban multitud de sentimientos se fueron aflojando para mis oídos mientras mi tarro se vaciaba rápidamente antes de volver a llenarse, el proceso repitiéndose varias veces.

Ádellet se mostró más hiperactiva de lo que esperaba, uniéndose a Trygg y a mí en un canto que seguía la música profesional de forma bastante improvisada y tonta. Jandrio, por su parte, exhibió una ligera tolerancia al alcohol que impidió que pareciese otro borracho más, pero quedarse sentado mientras reía y tarareaba la melodía no dejaba muy bien su imagen al respecto.

Antes de darme cuenta, varias personas estábamos reunidas en un baile tradicional mezclado con la improvisación típica de alguien con mucho alcohol en sangre. Trygg se mostró ultra hiperactivo, Ádellet reía como una tonta, Jandrio aullaba con felicidad y yo… Bueno, una mezcla de los tres era una descripción incompleta.

En un momento dado, dos tipos se empezaron a empujar por una discusión antes de iniciar una auténtica pelea. Sin interrumpirlos, el resto nos reunimos a su alrededor para ver la batalla callejera que era dada a puños.

Apretujados en un círculo, vimos entre gritos de aclamaciones y sugerencias violentas cómo la pelea daba lugar. El hombre corpulento dio un puñetazo bastante feroz, el joven delgado esquivando como si su vida dependiese de ello antes de contraatacar con una patada en los testículos. Muchos hicimos exclamaciones de dolor ante el suceso, pero ver cómo el afectado parecía casi inmune al sufrimiento animó aún más la parvada emocionada que éramos.

Entonces, inmiscuido en la situación, me di cuenta tarde de algo.

En circunstancias normales, podría al menos haber sentido su respiración tan cercana. Sin embargo, mis sentidos defectuosos debido a todo el alcohol me había vuelto bastante deficiente en ese aspecto.

No fue hasta que sentí eso que me di cuenta de la presencia de un hombre detrás de mí, su respiración agitada resonando atrás de mi oído derecho. Un escalofrío recorrió mi columna mientras lo sentía, tanto lo más bajo de su cuerpo como sus manos deslizándose por mis caderas.

Tardé bastante en reaccionar debido a la conmoción que trajo la situación completamente ajena a mí hasta el momento a mi cerebro. Cuando logré moverme, me tambaleé con brusquedad hacia adelante y me di vuelta para ver al asqueroso culpable.

Por desgracia para mí, ya se estaba escapando. Inmóvil, lo apunté con mi dedo mientras trataba, sin éxito, formular alguna palabra. Sus facciones borrosas quedaron grabadas en mi mente a la vez que las personas a mi alrededor reaccionaban a la situación, tratando de darle caza al atacante sexual o comprender de qué se trataba el alboroto.

Todo lo bueno de esa noche cayó por la borda.

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